lunes, 1 de diciembre de 2014

Manuscrito inédito de Muhammud Ibn Al-Mahad hallado a la sombra de un olivar, por Ulises Paniagua


Manuscrito inédito de Muhammud Ibn Al-Mahad
hallado a la sombra de un olivar

por Ulises Paniagua




Si miras sólo hacia afuera, verás nada más que el mundo exterior. Si miras sólo hacia dentro, estarás ciego de ti.
Muhammud Ibn Al-Mahad


         Hace un par de años  y en una visita a México, el británico Johnathan F. Bartleby (quien estudiaba filología en una universidad de Granada, cerca de la influencia de los poéticos jardines de Alhambra), me mostró un manuscrito en árabe que aseguró pertenecía al poeta sufí Muhammud Ibn Al-Mahad, autor de un libro que integra el erotismo amoroso a la sabiduría cosmogónica del Medio Oriente. Me refiero a la compilación de poemas que lleva el título de Cantos a la amada. El documento inédito había sido encontrado en un baúl, y enterrado a la sombra de un olivar en los campos cercanos a Damasco; bául que yacía cubierto con una piedra en punta que apuntaba hacia la Meca.
Ibn Al-Mahad es reconocido por algunos especialistas en poesía sufí. De él se especula que escribió también bajo algunos heterónimos, como lo son Ahmad Ibn Al-Jallah, Hassan Ibn al-Rawiya y Sadí Din Bajja. Algunos atribuyen, incluso, una autoría colectiva de su obra bajo un mismo nombre, como se presume que ocurrió en el caso de Homero en los tiempos helénicos. Al respecto de este misterio, mi amigo filólogo decidió no asumir ninguna postura, pero sí se mostró convencido de tener en sus manos un original inédito de Al-Mahad.
El manuscrito que Johnathan poseía me pareció, además de ilegible, incomprensible debido a mi desconocimiento del idioma árabe. En adición, no presentaba ninguna firma. Por ello, sólo quedaba confiar en su versión. Según F. Bartleby, el poema (se trata de un poema de largo aliento) aborda de manera sutil y metafórica la interpretación del universo por medio de la geometría, un atrevimiento que en palabras del británico,“Al-Mahad habría escrito bajo la influencia de las enseñanzas de Ibn al-Letif Khaldun Aziz, desde su célebre Tratado de las figuras planas y esféricas del mundo”.  Pero el poema también muestra una visión encarnizada de la especie humana y la lucha por el poder, en un tipo de oda que oscila entre la suavidad del pétalo de una flor y la crudeza de un camello abierto en dos mitades.
Sin ser experto en el tema, dos datos me hicieron dudar de la autenticidad del escrito. El primero de ellos era que el documento estaba fechado en 1243, lo que parecía sospechoso si tomamos en cuenta que el año de nacimiento de Ibn Al-Mahad ha sido referenciado entre 1258 y finales del siglo XIII por su más fiel traductor, el escritor uruguayo-mexicano Saúl Ibargoyen. El segundo asunto que me hizo generar dudas, es la característica de largo aliento del poema. Esta sospecha, a su vez, nacía de una sencilla explicación: en la obra que había tenido oportunidad de leer a través de las versiones de Ibargoyen -incluyendo los heterónimos-, Al-Mahad no recurre en ningún momento a un recurso de tal extensión. Por otra parte, el poema de largo aliento tiene pocos registros en la poesía sufí en el escenario del medioevo occidental. Tal vez el poeta Omar Khayyam haya incursionado en esta exploración con más ahínco, pero el poema era visiblemente ajeno a este autor persa, pues basta conocer medianamente el temperamento y la textura de la poética de Khayyam para intuir que este texto no proviene de su pluma. Además, según referencias históricas, Khayyam murió, en el año de 1131, por lo que era imposible atribuirle la autoría. Por su parte, el escritor y teósofo Ibn Arabi no buscaba tampoco la gran extensión en su poética, ni se acercaba siquiera al tono agridulce de la temática del documento. También se descartó, de esta forma, alguna probable relación del teósofo con el texto.
Aquí será necesario hacer algunas mínimas precisiones, antes de concluir. La obra de Ibn Al-Mahad es demoledora. Se trata de textos condensados con una sutileza áspera, que deja a quien los lee contemplando el mundo como si atravesara con sus manos un muro de agua, para descubrir el edén, o el vacío. La mirada del poeta árabe aludido es un salto hacia el dentro en comunión con el exterior, un canto del espíritu integrado a una armonía universal, llena de humildad, pureza, y un místico erotismo. Así, recomienda en uno de sus poemas: No hagas de la amada el exclusivo asunto de tus versos / Pero si hablas de ella, / porque así es lo que sucede por voluntad de la palabra, / recuerda los recursos de muchos otros / que en lenguas distintas / han escrito antes que tú.
Al respecto de asuntos metafísicos y espirituales, afirma: Detrás del mundo perceptible / hay otro cosmos que se mueve / como la garra del tigre/ entre las hojas que agonizan. / De igual modo la imagen de la amada tiembla debajo de tu piel.  Y líneas adelante concluye, a manera de epílogo: (…) Recién cuando deba cumplirse tu día, conocerás lo que es la sustancia del silencio. Por eso, sin saber nada, nunca dejes de cantar.
      Din es una palabra árabe que expresa en el sufismo una manera de vivir. La vida de quien practica los preceptos sufíes es equilibrada y luminosa, en comunión con lo que habita dentro, afuera y alrededor de nosotros. Implica una cosmovisión (…) y un compromiso de por vida en todos y cada uno de los aspectos y facetas de la existencia. Todo lo que hace el sufí está orientado a la conquista de la Iluminación, a la apertura espiritual que le permita “contemplar la faz de Allah”, o lo     que es lo mismo, aniquilar el ego para experimentar con todo el Ser (y no sólo con la mente) la Unidad de todo lo creado, la Unión mística (Ballesteros, Emilio). Basado en estos preceptos, había un cabo suelto, un tercer dato que me hacía vacilar de la validez del manuscrito en poder de F. Bartleby. El poema mencionaba los tiempos de mansedumbre de las gacelas dulces: allí donde moran los corazones de los hombres; pero también exaltaba las artes de la guerra con la fascinación con la que un áspid segrega sus encantos entre el plácido cantar de los vientos. Esta visión bélica, aunada a pasajes donde se describían batallas cruentas y verdaderas carnicerías entre califatos, me hacía cuestionar la postura de F. Bartlebly. Esta exaltación de la violencia era a todas luces contraria a los principios del sufismo.
 Johnathan defendió al manuscrito, tal vez mayormente por necedad que por una actitud crítica. Tenía fe en su descubrimiento, o necesitaba tenerla. Para resolver el asunto que casi rayaba en una franca disputa, debimos acercarnos a expertos en la materia. En primera instancia, intentamos establecer contacto vía mail con Reyna Carretero Rangel, quien de manera reciente publicó una tesis en la Universidad Autónoma Nacional de México acerca de la obra de este autor, al que compara en su mística con poetas como el ya mencionado Ibn Arabi, y el filósofo Rumi, quien pereciera víctima de una desobediencia política. No obtuvimos respuesta a nuestros mensajes electrónicos. Ibargoyen, estudioso y traductor del poeta árabe, se hallaba vacacionando en Montevideo en aquellos días, y habría que esperar al menos un mes para poder conversar con él.
Ansioso y obsesivo, víctima de la desesperación y cansado de mis cuestionamientos, F. Bartleby decidió exponerse: envío el manuscrito a un laboratorio donde trabajaba uno de sus primos lejanos, y facilitó un par de copias a expertos en caligrafía que contactó en un área de posgrado de Londres. El resultado para él fue desalentador. Después de las pruebas de carbono-14, y de múltiples comparaciones, el poema fue atribuido a Jalil Al Rashid, un autor poco estudiado hasta el día de hoy, quien escribiera poemas menores en el Bagdag de los años 1122 y 1159, y que resultó descendiente directo de la vasta familia del califa Harán al-Rashid, ese neurótico protagonista de Las mil y una noches al que Sherezada le contaba cada luna una historia.
Volviendo al caso del poema de largo aliento referido, se concluyó entonces que se trataba de  un texto apócrifo, que poco o nada tenía que ver con Muhammud Ibn Al-Mahad y su vasto talento. El asunto sobre la veracidad del manuscrito me costó la amistad de F. Bartleby, pues el filólogo británico me escribió, en una carta breve y poco emotiva, que preferiría no ser mi amigo nunca más, después de la vergonzosa derrota que el episodio representaba para su imagen erudita. Para ser franco, no me interesó en lo más mínimo su furia, pues al final del asunto yo estaba harto de su actitud veleidosa, de fiera herida.
Trato de olvidar esa historia. Lo conseguiré pronto, si me empeño, y sé que no representará para mí una paja dentro del ojo, siquiera. Sin embargo, un resabio de incertidumbre ha sido sembrado en un pequeño grupo de expertos: siempre quedará abierta la posibilidad de hallar un texto inédito de Ibn Al-Mahad. Por lo pronto, lo único que permanece como verídico y único, son los versos del poeta árabe, Al-Mahad, alentándome a descubrir la luz entre tanto misterio, como una resonancia magnética que alimenta sensaciones a través de la palabra: Teje un tapiz con la sombra que separan los hilos materiales de estambre. Luego, descansa sobre tanta luz.
No cabe duda, la frontera entre lo verdadero y lo que no lo es, no es más lejana que la frecuencia que separa un aleteo de otro, de un colibrí al amanecer.



Ulises Paniagua, en las proximidades de Alhambra.
2 de Diciembre del 2014






jueves, 27 de noviembre de 2014

Acerca del libro de cuentos HISTORIAS DE LA RUINA, de Ulises Paniagua, por Eney Fernando




Acerca del libro de cuentos HISTORIAS DE LA RUINA, de Ulises Paniagua 

por: Eney Fernando



El término ruina es usado para describir los restos de arquitectura humana, o estructuras que alguna vez fueron un todo, pero que se han derruido parcial o completamente debido a diferentes circunstancias. Ulises Paniagua maneja este término para dar título a esta colección de cuentos “Historias de la Ruina” y emplea este vocablo de forma alegórica, en torno al pasado y la condición moral de la existencia humana, la cual se va tocando en cada uno de sus cuentos, que en conjunto se vuelven una purificación emocional, mental y espiritual, no solo para el lector sino también para el mismo escritor.
Ulises plasma en el espacio y en el tiempo una historia o un relato a partir de como él percibe la realidad que le circunda. Esa percepción es interactiva puesto que va escudriñando las distintas dimensiones del entorno, ingresando en ellas y haciendo que ellas ingresen en su imaginario.
Con la metodología estructural diseña la historia y le da forma, mientras que con una metodología intuitiva deja que su imaginación produzca el texto a través de “insigths” y va captando con su mente las ideas que le vienen y las va plasmando en texto con la escritura. Así, el comportamiento de Ulises comprende una macro función holística que abarca las funciones motoras, emocionales, mentales intelectuales e intuitivas.
La obertura se da con “Juguete Chino”, que anticipa un encuentro con una serie de revelaciones que se irán dando a lo largo de este viaje que nos ofrece Ulises.
En cada historia el escritor confronta a sus personajes con sus demonios, los cuales al fin de cuenta terminan siendo los nuestros propios y los de él mismo. “ Al otro lado” nos muestra la debilidad humana siempre latente de enfrentarse a lo desconocido, el impávido terror que nos provoca la incertidumbre de ver algún elementos anormal en nuestro confort cotidiano. “El sueño” es un viaje de la psique, que presenta la existente posibilidad de no volver del sueño para escapar del mundo consciente.
En el cuento “Para domar las furias” Ulises nos muestra su segunda vocación, que es la Arquitectura y presenta a un personaje que es un ingeniero encargada de la obra, el cual ante su falta de arrojo y un poco de infortunio termina siendo víctima de las leyendas urbanas que siguen estigmatizando a una sociedad y que acongojan el alma de algunos cuantos, como este pobre ingeniero.
Durante la travesía de historias de la ruina, el escritor se da el tiempo de presentarnos un par de cuentos bajo mi punto de vista muy sátiros. En “Todos somos licenciados” nos saca por un instante del engranaje político del sistema y nos hace mirar desde afuera, el comité siempre alineado en el que vamos marchando, sin dejar a un lado la intensión primaria del viaje, enfrentarnos con una realidad que duele y que sirva a de modo catártico para una purificación.
“Crónica del minotauro” es un fantasioso episodio, en el que la mayoría de los mexicanos quisiéramos encontrarnos, con un exquisito manejo del lenguaje taurino, Ulises nos narra una tarde en el ruedo, donde un humilde limpia parabrisas es el lidiador, quien vestido de oropeles y luces, aguarda la salida del animal dispuesto a sacrificio.
“Una voz en el altavoz de la plaza anuncia: “en la Ley Talionaria Constitucional, se establece que el país tiene derecho a decidir sexenalmente, y mediante el recurso del plebiscito, la ejecución de uno a tres de los ex presidentes de la República, cuyo desempeño haya atentado con los cargos de alevosía, ventaja o premeditación, contra los recursos naturales de la nación, su economía y/o desarrollo tecnológico o cultural”.
Comienza pues la corrida, que termina en una letal estocada.
“Historia del desasosiego”, presenta otra historia fantástica donde una muchedumbre espera el advenimiento de Dios, todo mundo está presente a manera de las hinchadas futboleras esperaban el momento…… (No contare más, para que sean ustedes quienes descubran la historia completa).
“La fábula de Mutibilda” es quizá uno de los cuentos que más disfrute, con una historia muy bien lograda y llena de luz, nos devela la claridad en medio de escombros y la reedificación desde las ruinas.
“Encuentro en la embajada”, personifica al género literario del cuento y narra una entrevista con dicho personaje, quien después de una íntima charla, brinda licencias a nuestro literato.
El epilogo de este libro “ La Rampa” es un cuento hermosamente llevado por Ulises, en el que de pronto una historia termina siendo un acto de comunión entre el lector y el escritor, en el que él segundo confiesa sus temores:
“Necesito dejar de pensar. Dejar de escribir. Dejar de mentir”
¿puede confrontarnos un personaje inventado? No sé. Quién puede. Quién no puede..
El temor a lo que uno está creando o escribiendo.
Un escritor con capacidad de toma de conciencia se da cuenta de lo que pasa en su interior, se conoce a sí mismo, conoce sus sentimientos y pensamientos, y puede manejar los mismos conforme la situación o las situaciones que se le presentan en la vida cotidiana y Ulises Paniagua es de estos escritores, no de aquellos con poca capacidad de toma de conciencia, que simplemente viven la vida conforme ella se va dando, y que ve de forma concreta las cosas, más en términos de causa y efecto.
El escritor que tiene capacidad de darse cuenta, normalmente es un sujeto que transforma (se transforma a sí mismo y transforma la sociedad). El escritor que tiene poca capacidad de toma de conciencia (o ninguna) es un sujeto que simplemente mantiene las cosas como están o conforme se van dando. Así, puede convertirse en un sujeto que cristaliza las creencias, ideologías, costumbres, comportamientos, etc.
La literatura fantástica que presenta Ulises Paniagua involucra cambios, grandes transformaciones, novedades sorprendentes, realidades oscuras y pesadas que dan lugar al nacimiento de nuevas dimensiones existenciales, realidades del supramundo o del inframundo que clarifican la mente del lector.
Los laberintos presentes en su relato no tienen salida, y lo que queda es la autodestrucción o la destrucción de todas sus ruinas para levantar una nueva edificación.




lunes, 24 de noviembre de 2014

El por qué entre la Muerte, un poema erótico de Ulises Paniagua


El por qué entre la Muerte

Ulises Paniagua

Hacer el amor con desesperación  / en extravío  / antes del nocturno misterio con los gusanos rondándonos la carne / acceder a ti con la dulce fiereza de lo amado / con la tenacidad y lo sutil con que se aferra el líquen a la tierra /  llegar al naufragio atado al mástil de la locura /
Hacer el amor para borrar los pasos / para evitar el nombre inevitable / buscando la esperanza que inventa el que sigamos siendo amantes / amantes persistentes y bienvivos /
Hacer el amor para sobrevivir el tiempo / el dolor / la incertidumbre de la tumba.



miércoles, 19 de noviembre de 2014

Los jardines poéticos de Luis Alberto Ambroggio, según Ulises Paniagua

Los jardines poéticos de Luis Alberto Ambroggio

Ulises Paniagua


 Imagen: Luis Alberto Ambroggio, compartiendo su poesía

El tiempo entre humo

Las sombras y la luz a través de la conciencia; el amor que se vuelve humo; el manejo de los elementos; la persecución del tiempo en su misterio o la inquietante compañía de la muerte: la poesía de Luis Alberto Ambroggio es diversa y profunda. Ello queda de manifiesto a través de los versos que desbordan las páginas memorables de En el jardín de los vientos, el reciente libro del autor argentino, radicado en Washington D.C.
Yo no cuento los años / sino el tiempo, las épocas fugitivas / para encarcelar de una vez por todas / las cenizas / desnudar el aire de la pasión. Esto confiesa el poeta, a manera de prólogo, en una indagación infinita de los minutos, en la persecución del correr de los años, sus estragos y sus beneficios. Ambroggio es un escritor que se ha internado, durante décadas, en la exploración interior a la par que ahonda en la exploración estética del mundo externo, a la manera de un investigador privado, pues como bien lo ha declarado en alguna entrevista, para él un poeta es un detective buscando lo no encontrado, contando y cantando el misterio. Y luego afirma: El poeta investiga la significación mágica del lenguaje más allá de su significación gramatical
            En el jardín de los vientos es una antología poética que reúne la obra de este autor nacido en Río Tercero, Córdoba, el 11 de noviembre de 1945, y quien es considerado uno de los poetas más importantes de habla hispana en los Estados Unidos. La recopilación de su obra abarca un periodo que va desde 1974 hasta el 2014.
En esta antología las temáticas son múltiples, referenciadas a las preocupaciones de la literatura universal. Así, en el índice del libro encontramos títulos de poemarios como Hombre del aire, Escape elemental, Poemas de amor y vida, Laberintos de humo y Cuando el amor se escribe con Alba, lo que nos habla del riesgo emprendido por el creador en cada aventura literaria; un riego asumido a la manera de César Vallejo con respecto a su posición ante lo mundano: ¡Alejarse! ¡Quedarse!¡Volver!¡Partir!
La búsqueda de forma y contenido en Ambroggio tiene el capricho de la veleta, el gozo del azar. Por ejemplo, una recurrencia que atormenta a cualquier habituado a la poesía y al ensayo es el motivo de escribir, el por qué hacerlo. Ambroggio tampoco rehúye a esta pregunta, pues a manera de ars poética declara, en uno de los textos contenidos en el libro: ¿Escribir para qué?: Para los ríos / para las cloacas / para la noche / para mí / para quien sea/ para los peces del cielo / (…) para los editores del canon / para las botellas de un mar sin playa / para el paraíso / para el infierno / para quien sienta. En otro extracto de la entrevista antes referida, el poeta argentino vuelve a compartir su manera de asumir el oficio. Así, afirma: Escribir es una existencia de soledad en compañía, porque el yo poético sobrevive en los textos en que captura y comparte el tiempo en su espacio viviéndolo repetidamente: el pasado (memoria), el presente (experiencia) y el futuro (deseo), que transciende en quien a su vez leyéndolo, lo revive. 
El asunto del tiempo es fundamental para quienes se internan en los abismos de la poesía, y Ambroggio no se arredra al enfrentarlos. En uno de sus poemas, escribe: el tiempo es todo / el tiempo es de oro / el tiempo es lodo (…) el tiempo es un lobo.
En Definiciones, otro de los textos contenidos en esta antología, vuelve a colocar el dedo en la llaga: Los laberintos de Heráclito / no consiguieron definir el tiempo / Su sabiduría era demasiado líquida / Quien posee con garras sólidas, define.
            El estilo es volátil, pero reconocible a cada momento. Hay en esta poética grandes y selectas influencias: Vicente Aleixandre, Octavio Paz, Vicente Huidobro, el mismo César Vallejo, la maestra Gabriela Mistral. La propuesta de este autor es el equilibrio entre las formas y la expresión: lo clásico ejerciendo malabares lingüísticos, con mesura pero sin temor.

Internándose en la calidez de la muerte

Como comentar cuarenta años de una obra poética puede resultar extenso, e incluso superficial, he decidido acercarme a uno de los temas que hallé con persistencia dentro de esta antología: el asunto de la muerte. En muchas de estas páginas, se canta a ella siguiendo la tradición de los grandes bardos españoles: Juan Ramón Jiménez, Miguel Hernández, Federico García Lorca. También a la manera oscura pero afectiva de Cesare Pavese en uno de sus célebres versos: vendrá la muerte y tendrá tus ojos. Cito a Ambroggio: Ha llegado la hora agotada / de vivir de recuerdos / vivir para el ayer muerto. / Acurrucarse con ilusión final / en la seguridad desvanecida / de una infancia en vientre. / El cuerpo derrotado / pide con súplica fetal, / resignación punzante / que lo lleve la muerte / que la muerte por fin / termine la muerte.
En otra idea espiritual, en una de las más densas propuestas del libro se apela al morir como una especie de renacimiento: He dejado a todos. Ahora el único que / queda, soy yo. / Tendré que dejarme a mí mismo / para apagar mi sombra / empezar el cielo.
            La muerte se convierte en exploración, una exploración que involucra los sentimientos de quien se pierde con nuestra partida: También, acaso, un alma / irreparablemente negra / sufrirá esta partida incongruente / por vez primera / y a todo ajena vivirá / excepto a la absoluta pérdida. / Solo ella sigue amando / y, en esta ausencia, muere. / En cada obituario / se leen a menudo dos muertes.

Sabiduría sólida, sabiduría líquida

Loa negra o beso jondo, la muerte es el instrumento de Luis Alberto Ambroggio para reconocer el Universo y sus múltiples prismas, pero también establece puentes que enlazan al misterio con otro arcano milenario: el amor; amor que a su vez nos conduce al canto; canto que retorna al hombre, pero también al ave, a esa ave que remonta el vuelo en un despliegue de metáforas y aliteraciones, búsqueda rítmica y versada, vuelo que abarca cuarenta giros interplanetarios, cuarenta años de amaneceres, de descubrimientos y avistamientos poéticos.
Luis Alberto Ambroggio, en su reciente En el jardín de los vientos, remonta su espíritu a la libertad material y a la libertad metafísica, al mismo tiempo, como ave de otra estación. Es, en toda extensión, amplio el vuelo de su propuesta. Ambroiggio declara en el primer poema de la antología, poema que inicia y cierra el ciclo: sólo así me encuentro vivo / en el jardín de los vientos.
Es hora, entonces, de que como lectores nos volvamos también aves de otra estación en la indagación de estas letras, es tiempo de internarnos por las frondas alegóricas de cuatro décadas marcadas por el persistente lenguaje del viento.



México D.F., a 19 de Noviembre del 2014




lunes, 17 de noviembre de 2014

La noche fría: dos poemas de Carlos Regalado, desde Galicia

Desde Galicia, España, comparto aquí dos poemas de Carlos Regalado, amigo de los amigos, y director de la página virtual Realidade Cero. Disfruten de ellos...




Noche fría, fría noche

Siempre bella, luna se esconde.
Miente su luz, reflejo naciente
de un sol oculto, sin presencia.
Astro baldío de un llanto presente.
Juerga nocturna de cuchillos
que afilan su negra desdicha
contra las piedras, en los caminos
que recorrías cuando aún eras mecha
de infinitas explosiones de lujuria.
Pasión hecha carne en los estremecidos
ojos de la noche fría.
De esa noche que luminosa
aconseja resguardarse del misterio,
como cuando ellos, sin conocimiento
corren desnudos. Danza hermosa.


 Verano frente a su ser

La belleza que contiene una semilla.
Brotes de ámbares espontáneos
que se acurrucan a la sombra de una sombrilla,
ante la atenta mirada del verano.
Riégala, riégala sin miedo ni sospecha,
dale todo lo que tú mismo mereces,
y recoge lo sembrado antes de que la brecha
que no paró de sangrar, inunde su vientre.
Verano recoge sus bártulos de fuego
y ardiendo recorre los prados verdes,
los pajarillos se esconden al verlo,
pero cabizbajo, Verano se siente solemne.
Su fuego despierta a la vida que bosteza,
piensa mientras camina lentamente.
Lento avance para un puzzle de piezas

que lo rigen todo desordenadamente. 



Carlos Regalado (España)

Soy un hombre que no se define, ni se ancla a un determinado lenguaje para expresar lo que lleva dentro. Nacido el 8 de Junio de 1984 en Ourense, una pequeña provincia de Galicia, en el noroeste de España. Liberal y demócrata, rebelde ante lo mal establecido. Repúblico empedernido que no ceja en su empeño de hablar de lo que hay que hablar, cuando hay que hablarlo, por más que la marea inconsciente del pensamiento único se irrite por tales palabras. Amante de las mujeres, y de la mujer en particular, que en mi caso, recibe el nombre de Andrea. Amigo de sus amigos,volátil ante sus enemigos fugaces, porque todo enemigo, es una oportunidad para crecer.



sábado, 8 de noviembre de 2014

En la FUL de Pachuca del 2014

Con las bellas escritoras Marisa D" Santos y Martha Leticia Martínez de León; y con los magníficos narradores y poetas Saúl Ibargoyen y Juan Carlos Castrillón, en la FUL (Feria Univeristaria del Libro) de Pachuca. Al fondo, el stand con nuestros libros en Sediento Ediciones, distribuidos por Liber Mex. Una gran aventura.


Ful de Pachuca, 2014

miércoles, 29 de octubre de 2014

La picaresca posmoderna de Roger Vilar en Agustina y los gatos, por: Ulises Paniagua


La picaresca posmoderna de Roger Vilar
en Agustina y los gatos




por: Ulises Paniagua


Un amigo sudamericano me hizo notar la insistencia, en los autores mexicanos, de tirarse al melodrama. Considera que las historias en la narrativa de nuestro país se construyen bajo una trágica solemnidad, desde una lacrimógena autocompasión. No le faltan argumentos para afirmar esto, pues debemos reconocer que el humor ha sido poco explorado, y mal visto, en México. Supongo que esta omisión de la vena humorística se debe a los intentos de sacralizar las letras, aún cuando es evidente que escribir es un oficio profano. Pocos son, en nuestro país, los autores que han incursionado en el género humorístico o en la picaresca. Uno de ellos es José Joaquín Fernández de Lizardi, autor de ese Periquillo Sarmiento inquieto y travieso, que vio la luz en 1816. Siglos después (para ser exactos en el transcurso del siglo XX), escritores como Augusto Monterroso y Juan José Arreola revisitaban el género del humor con perspicacia y encanto. Por su cuenta, Efraín Huerta arrancaba alguna sonrisa o una franca carcajada al obsequiarnos sus célebres poemínimos. Cito a Huerta: No / por / mucho / publicar / te consagras / más / temprano. Luis Zapata intentó una aproximación, en los años setentas del siglo pasado, con la novela El vampiro de la colonia Roma, que, no obstante su valor como ruptura de esquemas y prejuicios, parece fracasar en su búsqueda pícara debido a un anhelo de melodrama. En años cercanos, la obra de autores como René Avilés Fabila y Guillermo Fadanelli, se interna en los senderos del humor negro y de la ironía.
            Los escritores cubanos, por aquello del son y de la musicalidad integrados al habla y a las formas, podrían presumirse simpáticos como Cabrera Infante y su paronomasia sonriente; o cantadores, como sucede en la obra poética de Nicolás Guillén. También en ello entraríamos en el error al generalizar, sobre todo si tomamos en cuenta la monumentalidad de la narrativa de Alejo Carpentier y José Lezama Lima, escritores poseedores de una visión eurocéntrica y severamente experimental.
            A pesar de ello -y para efectos de esta presentación-, es necesario reconocer que el origen no traiciona: se lleva en la sangre, a través de un profundo arraigo, es indisoluble de nuestro ser. El humor, voluntario e involuntario, es un componente de las letras y la vida caribeñas. Agustina y los gatos (Abismos, Casa Editorial, 2014), la reciente novela de Roger Vilar, demuestra esta recurrencia a la picaresca, aunque esta vez desde una perspectiva muy diferente. Roger reside en México desde hace años, por lo que se encuentra impregnado de este inevitable surrealismo mexicano de cada día. Por ello, el sabor de su prosa supera cualquier regionalismo, dotándolo de un toque multicultural. Por otra parte, es importante anotar que las grandes diferencias sociales y la visión apocalíptica producidas a fines del siglo XX e inicios del XXI en nuestro país, influyen de manera poderosa en su nueva publicación.

Imagen: Roger Vilar repartiendo autógrafos

Agustina y los gatos es un lúdico cuestionamiento a los efectos de la globalización, ese fenómeno demandante que acentúa las diferencias entre los muy millonarios y los muy pobres; entre las fuerzas del orden y las favelas, los guettos, los barrios. Vilar explora sin lloriqueos, al internarse en profundos abismos, la picaresca de la posmodernidad.
            La trama de la novela es intensa:
Una batalla colosal se avecina; Agustina comanda a un ejército de gatos. Edmundo -el minino que lidera a las huestes- es la rencarnación del marido de quien la vieja conserva, con recelo, un dedo triturado. Viejo, un despreciable explotador, asegura que el fin del mundo está cerca y que el agente del mal no es otro que la especie felina; los gatos son el símbolo del libertinaje, declara  mientras alista a una multitud de perros clasemedieros, azuzados por Puppy, un homicida french poodle minitoy.
             Agustina y los gatos describe los bajos fondos y sus meriendas de tripas; se percibe el olor a alcantarilla donde las calles son invadidas por una multitud de esquizofrénicos, diabéticos y lisiados. Ejercer el oficio del periodismo enriquece las vivencias, abre la puerta a submundos inimaginables que adquieren discursos metafísicos: Roger Vilar (1968), escritor cubano radicado en México, narra con una fuerte carga de humor negro y en un estilo desparpajado las vicisitudes en un mundo de mendigos y estafadores. Basada en la nota roja que Vilar cubrió como reportero durante años, Agustina y los gatos es una novela que se inscribe en una larga tradición que halla la picardía en lo grotesco y en lo absurdo. La crudeza de los tiempos que corren nos obliga a reflexionar sobre la realidad, sublimada siempre a través de las letras. Pareciera que la miseria fuese una peste que, aún a pesar de su rudeza, presentara pasajes de una parodia construida con los elementos de su sin razón. El mundo de los muy pobres es el inframundo, el sucio pasillo que conduce a lo terrible, aunque se vea con humor. Esta contradicción, sin embargo, entre el hecho terrible y la propia parodia del hecho, es uno de los grandes sellos posmodernos.  El día que la mierda tenga algún valor, los pobres nacerán sin culo, ha dicho Gabriel García Márquez en algún momento. Volviendo a Fernández de Lizardi, encontramos una ironía magistral desde el siglo XIX. Cito:  Hay casas desdichadas y de mal pie, que a los que viven en ellas pegan las desdichas.
             Agustina y los gatos es una novela de ritmo ágil que no recurre a adjetivaciones pedantes o razonamientos aburridos; sino que muestra, en la manifestación de sus personajes y en la barroca posmodernidad de su historia, una riqueza narrativa que se agradece en una época donde se apuesta poco a la libertad de la forma. Con este libro, una ácida parodia acerca de la lucha de clases y la sinrazón del mundo, el escritor Roger Vilar inscribe su nombre en la selecta lista de narradores latinoamericanos en búsqueda de literatura viva, que no atiende formalidades. En un futuro cercano Vilar continuará sorprendiéndonos con libros tan contundentes y bien logrados como lo es éste, eso es seguro. Agustina y los gatos, que es, en mi humilde opinión, la mejor novela que ha entregado Roger, nos mantiene al borde de la página, en medio de profundas emociones y de ardientes rasguños; aunque también nos arranca una sonrisa permanente, espontánea, que atraviesa nuestra ánima de oreja a oreja.
           
Ulises Paniagua

Casa Refugio Citlaltépetl, 25 de Octubre del 2014