jueves, 27 de noviembre de 2014

Acerca del libro de cuentos HISTORIAS DE LA RUINA, de Ulises Paniagua, por Eney Fernando




Acerca del libro de cuentos HISTORIAS DE LA RUINA, de Ulises Paniagua 

por: Eney Fernando



El término ruina es usado para describir los restos de arquitectura humana, o estructuras que alguna vez fueron un todo, pero que se han derruido parcial o completamente debido a diferentes circunstancias. Ulises Paniagua maneja este término para dar título a esta colección de cuentos “Historias de la Ruina” y emplea este vocablo de forma alegórica, en torno al pasado y la condición moral de la existencia humana, la cual se va tocando en cada uno de sus cuentos, que en conjunto se vuelven una purificación emocional, mental y espiritual, no solo para el lector sino también para el mismo escritor.
Ulises plasma en el espacio y en el tiempo una historia o un relato a partir de como él percibe la realidad que le circunda. Esa percepción es interactiva puesto que va escudriñando las distintas dimensiones del entorno, ingresando en ellas y haciendo que ellas ingresen en su imaginario.
Con la metodología estructural diseña la historia y le da forma, mientras que con una metodología intuitiva deja que su imaginación produzca el texto a través de “insigths” y va captando con su mente las ideas que le vienen y las va plasmando en texto con la escritura. Así, el comportamiento de Ulises comprende una macro función holística que abarca las funciones motoras, emocionales, mentales intelectuales e intuitivas.
La obertura se da con “Juguete Chino”, que anticipa un encuentro con una serie de revelaciones que se irán dando a lo largo de este viaje que nos ofrece Ulises.
En cada historia el escritor confronta a sus personajes con sus demonios, los cuales al fin de cuenta terminan siendo los nuestros propios y los de él mismo. “ Al otro lado” nos muestra la debilidad humana siempre latente de enfrentarse a lo desconocido, el impávido terror que nos provoca la incertidumbre de ver algún elementos anormal en nuestro confort cotidiano. “El sueño” es un viaje de la psique, que presenta la existente posibilidad de no volver del sueño para escapar del mundo consciente.
En el cuento “Para domar las furias” Ulises nos muestra su segunda vocación, que es la Arquitectura y presenta a un personaje que es un ingeniero encargada de la obra, el cual ante su falta de arrojo y un poco de infortunio termina siendo víctima de las leyendas urbanas que siguen estigmatizando a una sociedad y que acongojan el alma de algunos cuantos, como este pobre ingeniero.
Durante la travesía de historias de la ruina, el escritor se da el tiempo de presentarnos un par de cuentos bajo mi punto de vista muy sátiros. En “Todos somos licenciados” nos saca por un instante del engranaje político del sistema y nos hace mirar desde afuera, el comité siempre alineado en el que vamos marchando, sin dejar a un lado la intensión primaria del viaje, enfrentarnos con una realidad que duele y que sirva a de modo catártico para una purificación.
“Crónica del minotauro” es un fantasioso episodio, en el que la mayoría de los mexicanos quisiéramos encontrarnos, con un exquisito manejo del lenguaje taurino, Ulises nos narra una tarde en el ruedo, donde un humilde limpia parabrisas es el lidiador, quien vestido de oropeles y luces, aguarda la salida del animal dispuesto a sacrificio.
“Una voz en el altavoz de la plaza anuncia: “en la Ley Talionaria Constitucional, se establece que el país tiene derecho a decidir sexenalmente, y mediante el recurso del plebiscito, la ejecución de uno a tres de los ex presidentes de la República, cuyo desempeño haya atentado con los cargos de alevosía, ventaja o premeditación, contra los recursos naturales de la nación, su economía y/o desarrollo tecnológico o cultural”.
Comienza pues la corrida, que termina en una letal estocada.
“Historia del desasosiego”, presenta otra historia fantástica donde una muchedumbre espera el advenimiento de Dios, todo mundo está presente a manera de las hinchadas futboleras esperaban el momento…… (No contare más, para que sean ustedes quienes descubran la historia completa).
“La fábula de Mutibilda” es quizá uno de los cuentos que más disfrute, con una historia muy bien lograda y llena de luz, nos devela la claridad en medio de escombros y la reedificación desde las ruinas.
“Encuentro en la embajada”, personifica al género literario del cuento y narra una entrevista con dicho personaje, quien después de una íntima charla, brinda licencias a nuestro literato.
El epilogo de este libro “ La Rampa” es un cuento hermosamente llevado por Ulises, en el que de pronto una historia termina siendo un acto de comunión entre el lector y el escritor, en el que él segundo confiesa sus temores:
“Necesito dejar de pensar. Dejar de escribir. Dejar de mentir”
¿puede confrontarnos un personaje inventado? No sé. Quién puede. Quién no puede..
El temor a lo que uno está creando o escribiendo.
Un escritor con capacidad de toma de conciencia se da cuenta de lo que pasa en su interior, se conoce a sí mismo, conoce sus sentimientos y pensamientos, y puede manejar los mismos conforme la situación o las situaciones que se le presentan en la vida cotidiana y Ulises Paniagua es de estos escritores, no de aquellos con poca capacidad de toma de conciencia, que simplemente viven la vida conforme ella se va dando, y que ve de forma concreta las cosas, más en términos de causa y efecto.
El escritor que tiene capacidad de darse cuenta, normalmente es un sujeto que transforma (se transforma a sí mismo y transforma la sociedad). El escritor que tiene poca capacidad de toma de conciencia (o ninguna) es un sujeto que simplemente mantiene las cosas como están o conforme se van dando. Así, puede convertirse en un sujeto que cristaliza las creencias, ideologías, costumbres, comportamientos, etc.
La literatura fantástica que presenta Ulises Paniagua involucra cambios, grandes transformaciones, novedades sorprendentes, realidades oscuras y pesadas que dan lugar al nacimiento de nuevas dimensiones existenciales, realidades del supramundo o del inframundo que clarifican la mente del lector.
Los laberintos presentes en su relato no tienen salida, y lo que queda es la autodestrucción o la destrucción de todas sus ruinas para levantar una nueva edificación.




lunes, 24 de noviembre de 2014

El por qué entre la Muerte, un poema erótico de Ulises Paniagua


El por qué entre la Muerte

Ulises Paniagua

Hacer el amor con desesperación  / en extravío  / antes del nocturno misterio con los gusanos rondándonos la carne / acceder a ti con la dulce fiereza de lo amado / con la tenacidad y lo sutil con que se aferra el líquen a la tierra /  llegar al naufragio atado al mástil de la locura /
Hacer el amor para borrar los pasos / para evitar el nombre inevitable / buscando la esperanza que inventa el que sigamos siendo amantes / amantes persistentes y bienvivos /
Hacer el amor para sobrevivir el tiempo / el dolor / la incertidumbre de la tumba.



miércoles, 19 de noviembre de 2014

Los jardines poéticos de Luis Alberto Ambroggio, según Ulises Paniagua

Los jardines poéticos de Luis Alberto Ambroggio

Ulises Paniagua


 Imagen: Luis Alberto Ambroggio, compartiendo su poesía

El tiempo entre humo

Las sombras y la luz a través de la conciencia; el amor que se vuelve humo; el manejo de los elementos; la persecución del tiempo en su misterio o la inquietante compañía de la muerte: la poesía de Luis Alberto Ambroggio es diversa y profunda. Ello queda de manifiesto a través de los versos que desbordan las páginas memorables de En el jardín de los vientos, el reciente libro del autor argentino, radicado en Washington D.C.
Yo no cuento los años / sino el tiempo, las épocas fugitivas / para encarcelar de una vez por todas / las cenizas / desnudar el aire de la pasión. Esto confiesa el poeta, a manera de prólogo, en una indagación infinita de los minutos, en la persecución del correr de los años, sus estragos y sus beneficios. Ambroggio es un escritor que se ha internado, durante décadas, en la exploración interior a la par que ahonda en la exploración estética del mundo externo, a la manera de un investigador privado, pues como bien lo ha declarado en alguna entrevista, para él un poeta es un detective buscando lo no encontrado, contando y cantando el misterio. Y luego afirma: El poeta investiga la significación mágica del lenguaje más allá de su significación gramatical
            En el jardín de los vientos es una antología poética que reúne la obra de este autor nacido en Río Tercero, Córdoba, el 11 de noviembre de 1945, y quien es considerado uno de los poetas más importantes de habla hispana en los Estados Unidos. La recopilación de su obra abarca un periodo que va desde 1974 hasta el 2014.
En esta antología las temáticas son múltiples, referenciadas a las preocupaciones de la literatura universal. Así, en el índice del libro encontramos títulos de poemarios como Hombre del aire, Escape elemental, Poemas de amor y vida, Laberintos de humo y Cuando el amor se escribe con Alba, lo que nos habla del riesgo emprendido por el creador en cada aventura literaria; un riego asumido a la manera de César Vallejo con respecto a su posición ante lo mundano: ¡Alejarse! ¡Quedarse!¡Volver!¡Partir!
La búsqueda de forma y contenido en Ambroggio tiene el capricho de la veleta, el gozo del azar. Por ejemplo, una recurrencia que atormenta a cualquier habituado a la poesía y al ensayo es el motivo de escribir, el por qué hacerlo. Ambroggio tampoco rehúye a esta pregunta, pues a manera de ars poética declara, en uno de los textos contenidos en el libro: ¿Escribir para qué?: Para los ríos / para las cloacas / para la noche / para mí / para quien sea/ para los peces del cielo / (…) para los editores del canon / para las botellas de un mar sin playa / para el paraíso / para el infierno / para quien sienta. En otro extracto de la entrevista antes referida, el poeta argentino vuelve a compartir su manera de asumir el oficio. Así, afirma: Escribir es una existencia de soledad en compañía, porque el yo poético sobrevive en los textos en que captura y comparte el tiempo en su espacio viviéndolo repetidamente: el pasado (memoria), el presente (experiencia) y el futuro (deseo), que transciende en quien a su vez leyéndolo, lo revive. 
El asunto del tiempo es fundamental para quienes se internan en los abismos de la poesía, y Ambroggio no se arredra al enfrentarlos. En uno de sus poemas, escribe: el tiempo es todo / el tiempo es de oro / el tiempo es lodo (…) el tiempo es un lobo.
En Definiciones, otro de los textos contenidos en esta antología, vuelve a colocar el dedo en la llaga: Los laberintos de Heráclito / no consiguieron definir el tiempo / Su sabiduría era demasiado líquida / Quien posee con garras sólidas, define.
            El estilo es volátil, pero reconocible a cada momento. Hay en esta poética grandes y selectas influencias: Vicente Aleixandre, Octavio Paz, Vicente Huidobro, el mismo César Vallejo, la maestra Gabriela Mistral. La propuesta de este autor es el equilibrio entre las formas y la expresión: lo clásico ejerciendo malabares lingüísticos, con mesura pero sin temor.

Internándose en la calidez de la muerte

Como comentar cuarenta años de una obra poética puede resultar extenso, e incluso superficial, he decidido acercarme a uno de los temas que hallé con persistencia dentro de esta antología: el asunto de la muerte. En muchas de estas páginas, se canta a ella siguiendo la tradición de los grandes bardos españoles: Juan Ramón Jiménez, Miguel Hernández, Federico García Lorca. También a la manera oscura pero afectiva de Cesare Pavese en uno de sus célebres versos: vendrá la muerte y tendrá tus ojos. Cito a Ambroggio: Ha llegado la hora agotada / de vivir de recuerdos / vivir para el ayer muerto. / Acurrucarse con ilusión final / en la seguridad desvanecida / de una infancia en vientre. / El cuerpo derrotado / pide con súplica fetal, / resignación punzante / que lo lleve la muerte / que la muerte por fin / termine la muerte.
En otra idea espiritual, en una de las más densas propuestas del libro se apela al morir como una especie de renacimiento: He dejado a todos. Ahora el único que / queda, soy yo. / Tendré que dejarme a mí mismo / para apagar mi sombra / empezar el cielo.
            La muerte se convierte en exploración, una exploración que involucra los sentimientos de quien se pierde con nuestra partida: También, acaso, un alma / irreparablemente negra / sufrirá esta partida incongruente / por vez primera / y a todo ajena vivirá / excepto a la absoluta pérdida. / Solo ella sigue amando / y, en esta ausencia, muere. / En cada obituario / se leen a menudo dos muertes.

Sabiduría sólida, sabiduría líquida

Loa negra o beso jondo, la muerte es el instrumento de Luis Alberto Ambroggio para reconocer el Universo y sus múltiples prismas, pero también establece puentes que enlazan al misterio con otro arcano milenario: el amor; amor que a su vez nos conduce al canto; canto que retorna al hombre, pero también al ave, a esa ave que remonta el vuelo en un despliegue de metáforas y aliteraciones, búsqueda rítmica y versada, vuelo que abarca cuarenta giros interplanetarios, cuarenta años de amaneceres, de descubrimientos y avistamientos poéticos.
Luis Alberto Ambroggio, en su reciente En el jardín de los vientos, remonta su espíritu a la libertad material y a la libertad metafísica, al mismo tiempo, como ave de otra estación. Es, en toda extensión, amplio el vuelo de su propuesta. Ambroiggio declara en el primer poema de la antología, poema que inicia y cierra el ciclo: sólo así me encuentro vivo / en el jardín de los vientos.
Es hora, entonces, de que como lectores nos volvamos también aves de otra estación en la indagación de estas letras, es tiempo de internarnos por las frondas alegóricas de cuatro décadas marcadas por el persistente lenguaje del viento.



México D.F., a 19 de Noviembre del 2014




lunes, 17 de noviembre de 2014

La noche fría: dos poemas de Carlos Regalado, desde Galicia

Desde Galicia, España, comparto aquí dos poemas de Carlos Regalado, amigo de los amigos, y director de la página virtual Realidade Cero. Disfruten de ellos...




Noche fría, fría noche

Siempre bella, luna se esconde.
Miente su luz, reflejo naciente
de un sol oculto, sin presencia.
Astro baldío de un llanto presente.
Juerga nocturna de cuchillos
que afilan su negra desdicha
contra las piedras, en los caminos
que recorrías cuando aún eras mecha
de infinitas explosiones de lujuria.
Pasión hecha carne en los estremecidos
ojos de la noche fría.
De esa noche que luminosa
aconseja resguardarse del misterio,
como cuando ellos, sin conocimiento
corren desnudos. Danza hermosa.


 Verano frente a su ser

La belleza que contiene una semilla.
Brotes de ámbares espontáneos
que se acurrucan a la sombra de una sombrilla,
ante la atenta mirada del verano.
Riégala, riégala sin miedo ni sospecha,
dale todo lo que tú mismo mereces,
y recoge lo sembrado antes de que la brecha
que no paró de sangrar, inunde su vientre.
Verano recoge sus bártulos de fuego
y ardiendo recorre los prados verdes,
los pajarillos se esconden al verlo,
pero cabizbajo, Verano se siente solemne.
Su fuego despierta a la vida que bosteza,
piensa mientras camina lentamente.
Lento avance para un puzzle de piezas

que lo rigen todo desordenadamente. 



Carlos Regalado (España)

Soy un hombre que no se define, ni se ancla a un determinado lenguaje para expresar lo que lleva dentro. Nacido el 8 de Junio de 1984 en Ourense, una pequeña provincia de Galicia, en el noroeste de España. Liberal y demócrata, rebelde ante lo mal establecido. Repúblico empedernido que no ceja en su empeño de hablar de lo que hay que hablar, cuando hay que hablarlo, por más que la marea inconsciente del pensamiento único se irrite por tales palabras. Amante de las mujeres, y de la mujer en particular, que en mi caso, recibe el nombre de Andrea. Amigo de sus amigos,volátil ante sus enemigos fugaces, porque todo enemigo, es una oportunidad para crecer.



sábado, 8 de noviembre de 2014

En la FUL de Pachuca del 2014

Con las bellas escritoras Marisa D" Santos y Martha Leticia Martínez de León; y con los magníficos narradores y poetas Saúl Ibargoyen y Juan Carlos Castrillón, en la FUL (Feria Univeristaria del Libro) de Pachuca. Al fondo, el stand con nuestros libros en Sediento Ediciones, distribuidos por Liber Mex. Una gran aventura.


Ful de Pachuca, 2014

miércoles, 29 de octubre de 2014

La picaresca posmoderna de Roger Vilar en Agustina y los gatos, por: Ulises Paniagua


La picaresca posmoderna de Roger Vilar
en Agustina y los gatos




por: Ulises Paniagua


Un amigo sudamericano me hizo notar la insistencia, en los autores mexicanos, de tirarse al melodrama. Considera que las historias en la narrativa de nuestro país se construyen bajo una trágica solemnidad, desde una lacrimógena autocompasión. No le faltan argumentos para afirmar esto, pues debemos reconocer que el humor ha sido poco explorado, y mal visto, en México. Supongo que esta omisión de la vena humorística se debe a los intentos de sacralizar las letras, aún cuando es evidente que escribir es un oficio profano. Pocos son, en nuestro país, los autores que han incursionado en el género humorístico o en la picaresca. Uno de ellos es José Joaquín Fernández de Lizardi, autor de ese Periquillo Sarmiento inquieto y travieso, que vio la luz en 1816. Siglos después (para ser exactos en el transcurso del siglo XX), escritores como Augusto Monterroso y Juan José Arreola revisitaban el género del humor con perspicacia y encanto. Por su cuenta, Efraín Huerta arrancaba alguna sonrisa o una franca carcajada al obsequiarnos sus célebres poemínimos. Cito a Huerta: No / por / mucho / publicar / te consagras / más / temprano. Luis Zapata intentó una aproximación, en los años setentas del siglo pasado, con la novela El vampiro de la colonia Roma, que, no obstante su valor como ruptura de esquemas y prejuicios, parece fracasar en su búsqueda pícara debido a un anhelo de melodrama. En años cercanos, la obra de autores como René Avilés Fabila y Guillermo Fadanelli, se interna en los senderos del humor negro y de la ironía.
            Los escritores cubanos, por aquello del son y de la musicalidad integrados al habla y a las formas, podrían presumirse simpáticos como Cabrera Infante y su paronomasia sonriente; o cantadores, como sucede en la obra poética de Nicolás Guillén. También en ello entraríamos en el error al generalizar, sobre todo si tomamos en cuenta la monumentalidad de la narrativa de Alejo Carpentier y José Lezama Lima, escritores poseedores de una visión eurocéntrica y severamente experimental.
            A pesar de ello -y para efectos de esta presentación-, es necesario reconocer que el origen no traiciona: se lleva en la sangre, a través de un profundo arraigo, es indisoluble de nuestro ser. El humor, voluntario e involuntario, es un componente de las letras y la vida caribeñas. Agustina y los gatos (Abismos, Casa Editorial, 2014), la reciente novela de Roger Vilar, demuestra esta recurrencia a la picaresca, aunque esta vez desde una perspectiva muy diferente. Roger reside en México desde hace años, por lo que se encuentra impregnado de este inevitable surrealismo mexicano de cada día. Por ello, el sabor de su prosa supera cualquier regionalismo, dotándolo de un toque multicultural. Por otra parte, es importante anotar que las grandes diferencias sociales y la visión apocalíptica producidas a fines del siglo XX e inicios del XXI en nuestro país, influyen de manera poderosa en su nueva publicación.

Imagen: Roger Vilar repartiendo autógrafos

Agustina y los gatos es un lúdico cuestionamiento a los efectos de la globalización, ese fenómeno demandante que acentúa las diferencias entre los muy millonarios y los muy pobres; entre las fuerzas del orden y las favelas, los guettos, los barrios. Vilar explora sin lloriqueos, al internarse en profundos abismos, la picaresca de la posmodernidad.
            La trama de la novela es intensa:
Una batalla colosal se avecina; Agustina comanda a un ejército de gatos. Edmundo -el minino que lidera a las huestes- es la rencarnación del marido de quien la vieja conserva, con recelo, un dedo triturado. Viejo, un despreciable explotador, asegura que el fin del mundo está cerca y que el agente del mal no es otro que la especie felina; los gatos son el símbolo del libertinaje, declara  mientras alista a una multitud de perros clasemedieros, azuzados por Puppy, un homicida french poodle minitoy.
             Agustina y los gatos describe los bajos fondos y sus meriendas de tripas; se percibe el olor a alcantarilla donde las calles son invadidas por una multitud de esquizofrénicos, diabéticos y lisiados. Ejercer el oficio del periodismo enriquece las vivencias, abre la puerta a submundos inimaginables que adquieren discursos metafísicos: Roger Vilar (1968), escritor cubano radicado en México, narra con una fuerte carga de humor negro y en un estilo desparpajado las vicisitudes en un mundo de mendigos y estafadores. Basada en la nota roja que Vilar cubrió como reportero durante años, Agustina y los gatos es una novela que se inscribe en una larga tradición que halla la picardía en lo grotesco y en lo absurdo. La crudeza de los tiempos que corren nos obliga a reflexionar sobre la realidad, sublimada siempre a través de las letras. Pareciera que la miseria fuese una peste que, aún a pesar de su rudeza, presentara pasajes de una parodia construida con los elementos de su sin razón. El mundo de los muy pobres es el inframundo, el sucio pasillo que conduce a lo terrible, aunque se vea con humor. Esta contradicción, sin embargo, entre el hecho terrible y la propia parodia del hecho, es uno de los grandes sellos posmodernos.  El día que la mierda tenga algún valor, los pobres nacerán sin culo, ha dicho Gabriel García Márquez en algún momento. Volviendo a Fernández de Lizardi, encontramos una ironía magistral desde el siglo XIX. Cito:  Hay casas desdichadas y de mal pie, que a los que viven en ellas pegan las desdichas.
             Agustina y los gatos es una novela de ritmo ágil que no recurre a adjetivaciones pedantes o razonamientos aburridos; sino que muestra, en la manifestación de sus personajes y en la barroca posmodernidad de su historia, una riqueza narrativa que se agradece en una época donde se apuesta poco a la libertad de la forma. Con este libro, una ácida parodia acerca de la lucha de clases y la sinrazón del mundo, el escritor Roger Vilar inscribe su nombre en la selecta lista de narradores latinoamericanos en búsqueda de literatura viva, que no atiende formalidades. En un futuro cercano Vilar continuará sorprendiéndonos con libros tan contundentes y bien logrados como lo es éste, eso es seguro. Agustina y los gatos, que es, en mi humilde opinión, la mejor novela que ha entregado Roger, nos mantiene al borde de la página, en medio de profundas emociones y de ardientes rasguños; aunque también nos arranca una sonrisa permanente, espontánea, que atraviesa nuestra ánima de oreja a oreja.
           
Ulises Paniagua

Casa Refugio Citlaltépetl, 25 de Octubre del 2014





martes, 19 de agosto de 2014

Reseña sobre la novela "Habitantes de la noche", de Roger Vilar, por Ulises Päniagua


Hablemos de los Habitantes de la noche

por: Ulises Paniagua

 

                                                ¿Cuál es la naturaleza del mal? ¿Un sufrimiento, una tragedia, mucho dolor no superado?

Roger Vilar

 

Eventos extraños ocurren en el interior de un edificio en ruinas de la colonia Guerrero. Las ratas emiten chillidos entre muros: la oscuridad se apodera de la humedad del concreto; la noche antecede a la muerte. Es la Ciudad de México del siglo XXI, una urbe fatídica donde el asesinato se convierte en primicia, una gran aldea donde el secuestro y la tortura se convierten en prácticas frecuentes entre los delincuentes y aquellos que acechan lo que sucede. En la más reciente novela del escritor Roger Vilar, Habitantes de la noche (Editorial de otro tipo, 2014), el autor nos conduce a un submundo dominado por la nota roja. Ribalta, reportero de un importante diario nacional (El Siglo), es asignado para cubrir notas sobre hechos violentos y homicidios, al silencio de la madrugada:

         “Los policías de todo el Distrito Federal hablaban con voz gangosa a través de los radiotransmisores (…) Nada de aquello servía a los reporteros, era demasiado débil para convertirse en noticia. Necesitaban algo fuerte.”
 
Imagen: El escritor cubano Roger Vilar

         Aburrido por la espera de un caso digno, Ribalta decide acudir a un llamado policiaco donde se anuncia una simple riña entre un casero y su inquilino. Es tanto el tedio de Ribalta que aunque la nota le parece poco interesante, sabe que llegar al lugar de los hechos servirá para romper la rutina. A partir de ese hecho -en apariencia intrascendente- que llega a cubrir, Ribalta se verá inmerso dentro de la oscuridad de un extraño mundo, allí, en el corazón de un argumento misterioso pero terrible que involucra a la belleza de la joven mulata Isabel; a la literatura como acto de soledad de un ser grotesco (Joseph Alda); y al ansia casi vouyerista hacia el dolor de los otros (experimentada por Ribalta y el guapo y enigmático pintor Saleur).

         Roger Vilar comprueba, en Habitantes de la noche, el oficio como narrador ejercido durante años, para conducir al lector a una realidad que, por cotidiana, resulta casi fantástica. Aunque, desde luego, el horror del reportero ante las atrocidades humanas nos mantiene siempre en contacto con nuestra triste condición de habitantes nocturnos. En la novela hay implícito un cuestionamiento sobre la ética del reportaje y del reportero. ¿Nos hemos vuelto insensibles hacia lo que sucede a nuestro alrededor? Este parece ser el mensaje cifrado tras las letras del autor. ¿Gozamos ante el espectáculo de los decapitados y los dedos cercenados? Es todo un fenómeno, que casi podemos calificar como psicopático: el reportero se vuelve ajeno a aquellos a quienes entrevista; prefiere ignorar la materia humana implícita en los casos, para mirar la crudeza de la muerte desde la frialdad de un cómodo distanciamiento. ¿A quién le importa un torturado, un desaparecido más? Lo que la prensa busca es la exclusiva, la nota más terrible que se pueda conseguir a pesar de lo que se deba hacer para conseguirla. La nota roja es dinero. Es aquí donde surge una profunda inquietud: ¿el reportero, en su trabajo impersonal y discreto, puede volverse cómplice de quien ejerce la violencia sobre los otros? En el mejor de los estilos de la novela negra, ese fascinante género impulsado por Raymond Chandler en la década de los cuarentas del siglo XX, Vilar se acerca –al igual que el autor norteamericano nacionalizado británico-  al retrato de la sociedad contemporánea, donde el dinero y el poder ejercido sobre “los otros” son los motores de las relaciones humanas, con sus consecuentes secuelas de crimen y marginación. En Habitantes de la noche todos los personajes respiran dentro de un mundo malsano, que aparenta la más completa naturalidad:

         “La permanencia del pintor en aquel sótano revelaba un Yo desconocido para él mismo. Emergía una parte oscura y nauseabunda que él nunca sospechó. Otra máscara. Una sombra que lo obnubilaba (…) Saleur sintió una leve erección con el relato, pero supo que aquel momento era el de su batalla definitiva…”.

         Roger Vilar trabajó como reportero para algunas televisoras y diversos diarios, entre ellos, Milenio. Esa mirada casi etnográfica que brinda la nota roja es la que le ha permitido desarrollar historias a partir de una realidad escandalosa, descrita a través de su propia imaginación. Las experiencias en el quehacer como periodista pueden generar magníficos imaginarios. Roger utiliza lo vivido hasta el grado de referir dos o tres casos verídicos, aunque trastocados por su pluma. Sólo que llena las historias de un febril encanto, de una frescura literaria que conduce a la expectación en cada uno de sus capítulos. En ese manejo de la historia es donde nos encontramos, de lleno, con el autor maduro, experimentado. Vilar no es un improvisado en el mundo de los libros. En Cuba, su país natal, publicó hace algunos años los libros de cuentos Corceles de la pradera y Aguas de la noche. En México ha publicado, también, dos libros de cuentos: La era del dragón (1998), y Brujas (2013). Hace poco tuve oportunidad de leer, de manos de este autor, una historia bastante apocalíptica, humorística y postmoderna, donde habita una vieja Agustina (un tanto loca), junto a un ejército de gatos. Me pareció una novela espléndida. Vilar es un prestidigitador estupendo: en cuanto más se interna el lector al mundo propuesto por el autor de Habitantes de la noche, mejor conoce su universo particular, un mundo de seres marginados, que viven entre ruinas y casonas viejas del centro de la ciudad.

         Las historias de Vilar recuerdan mucho a esas extrañas narraciones de Paul Auster, donde un halo de misterio se respira entre personajes que interactúan en un mundo absurdo por su propia verdad; un mundo donde la crueldad humana y las acciones extremas, aunque inexplicables, son el común denominador en una sociedad inquietante. En el aspecto latinoamericano, el nombre del cubano puede inscribirse a la particularidad de otros nombres como los de su compatriota, Virgilio Piñera; o los del mexicano Francisco Tario, o el uruguayo Felisberto Hernández; autores de poderosa imaginación que rompen esquemas en la clasificación de géneros, y que mucho adeudan a las extensas lecturas del checoslovaco Franz Kafka.

         Lo que caracteriza a las historias de los autores antes mencionados, y a la propia búsqueda de Vilar, en su obra, es esa tremenda percepción donde se reconoce que el mundo va más allá de nuestra existencia; leyes indeterminadas de lo que se vive, que están fuera de nuestro control y nuestra elección. Citando a Paul Auster: “Nuestras vidas realmente no nos pertenecen, pertenecen al mundo, y a pesar de nuestros esfuerzos por darle un sentido a éste, el mundo es un lugar que va más allá de nuestro entendimiento”.

         Sin embargo, a través y a pesar de la opresión generada en un ambiente de víctimas y torturadores, en el concepto del dolor entre las pulsiones eróticas, entre máscaras de cerdos colgadas a las paredes y perturbadoras presencias rozando la piel de una chica en un cuarto abandonado, también nos hallamos ante el erotismo en su más pura expresión. La sensualidad es también una característica de las historias de este escritor cubano. En uno de sus pasajes, una hermosa chica, buscando zapatos en un barrio popular, encuentra a un apuesto pintor, entablando un tórrido y  bello romance (aunque con la naturalidad que sólo el autor podría concederle a un encuentro amoroso entre dos desconocidos, muy a la manera de esos encuentros casuales que Milán Kundera describe en su célebre novela, La insoportable levedad del ser). Aunque en este caso, a diferencia de los encuentros en Kundera, en la habitación del pintor sí hay un asomo de amor, un entendimiento espiritual que después se verá en peligro, pero que nos permite acceder a uno de los pasajes eróticos de la novela: “Dejar libre el cabello de una mujer es quizás el primer acto en el proceso de desnudarla. Él le quitó los lazos, las ligas, y éste cayó en rizos negros como cascada, como velo de una antigua diosa (…) Ella tenía los ojos cerrados y el cuello erguido. La falda ya caía más debajo de las caderas, dejaba ver el rizado vellón de su monte de venus, hirsuto y lleno de fuerza; y las corvas musculares y satinadas, como de yegua desbocada.” La sensualidad en Vilar goza de una naturalidad que incluso asombra, porque, siendo honestos, debemos reconocer que en las escenas que se suscitan entre parejas encontramos detalles curiosos e incluso cómicos. Vilar captura esos detalles. Lo erótico en el de Roger escritor no niega lo caribeño, el fuego incontenible de los orígenes. Algunas escenas en su obra son descritas con una meticulosidad tan suave como la de Lezama Lima; otras tantas son abordadas desde un punto de vista lúdico y picaresco, al estilo de Cabrera Infante. Aunque en el autor del que trata esta reseña, podemos agregar un cierto dejo tanático, emparentado con lo sexual. Aquí, la pulsión más indescifrable y vergonzosa, el acercamiento entre la muerte y el deseo. En palabras del propio George Bataille, intentando descifrar lo indescifrable: “Hay en la muerte una indecencia, distinta, sin duda alguna, de aquello que la actividad sexual tiene de incongruente. La muerte se asocia a las lágrimas, del mismo modo que en ocasiones el deseo sexual se asocia a la risa (…) Evidentemente el torbellino sexual no nos hace llorar, pero siempre nos turba, en ocasiones nos trastorna y, una de dos: o nos hace reír o nos envuelve en la violencia del abrazo.”

         La originalidad en los planos -reales e irreales- de la novela, la propuesta sin maniqueos en el uso de los personajes y el estilo oscuro, propio del acercamiento a la criminalística, hacen de Habitantes de la noche un libro de impacto (no es una casualidad que esta novela haya sido seleccionada como ganadora del primer concurso de novela convocada por la Editorial de otro tipo, consiguiendo por derecho propio su publicación y distribución). En la novela, también es evidente el recurso de la ficción. No sólo de la ficción como la construcción de una historia narrada a partir de hechos acontecidos, sino la ficción como construcción de una ficción detrás de la primera, en una sucesión interesante de capas ficticias. Esto es, de pronto uno de los personajes adquiere propiedades fantásticas, dando un giro a la realidad establecida, y llevando el todo a un discurso metatextual. Volviendo a citar a Auster, en este sentido de profundizar en lo fantástico real: “Lo real siempre va más allá de lo que podamos imaginar”. Los poderosos juegos de la imaginación construyen al hombre. Así lo hace notar Vilar en su novela:

         “Julio pensó que la raíz del mal era la debilidad, un desfallecimiento del ser que lo obligaba a refugiarse en una realidad inventada.”       

         En este infatigable juego de ficciones entre ficciones, de relatos lúdicos que se interceptan en el tiempo y sus múltiples espacios, sólo queda recomendar con holgura leer la novela Habitantes de la noche. Porque en ella, Roger Vilar -a través de sus letras-, no desentrañará realidades, no mencionará nombres ni brindará respuestas al terrible reino de la violencia que mantiene paralizado el actuar de los habitantes de esta metrópolis.  Pero si brindará, al menos, el consuelo de una rica y propia interpretación de la realidad a través de lo fantástico, a través de una prosa clara y fluida. Y todo ello, en medio del imprescindible misterio que caracteriza a las buenas narraciones, y en especial a las mejores novelas negras, donde el bien y el mal se funden en un beso enfermizo. Citando a Milorad Pávic, les dejamos esta frase que inicia uno de sus cuentos, que bien cabe como invitación a recorrer la turbia historia de los Habitantes de la noche:

         “El escritor les aconseja, queridos lectores, que no lean este cuento un miércoles y de ninguna manera antes del mes de mayo. Además, lo más conveniente sería que lo leyeran por las noches y en la cama. Descubrirán las razones por ustedes mismos. Aún debo decir que en este cuento no hay héroes; los únicos héroes aquí son ustedes, sus lectores.”

 

Ulises Paniagua, desde las sombras de la colonia Guerrero,

en colaboración con Joseph Alda, 2014.





 
Ulises Paniagua (México, 1976)
Narrador, poeta, videasta y dramaturgo. Ha publicado tres poemarios: Del amor y otras miserias (Fridaura, 2009), Guardián de las Horas (Eterno femenino, 2012), y Nocturno imperio de los proscritos (Sediento Ediciones, 2014, Enciclopedia de las Letras Mexicanas, INBA, CONACULTA-FLM); y  tres libros de cuentos Patibulario, cuentos al final del túnel, (Mutibilda, 2011), Nadie duerme esta noche (Fridaura, 2012), e Historias de la ruina (Sediento Ediciones, 2013, Enciclopedia de las Letras Mexicanas, INBA, CONACULTA-FLM); así como los CDs sonoro-poéticos Cuadriversiones y Clandestinos y nocturnos (Colectivo Pena Ajena, 2013 y 2014).
 
    Su obra ha sido divulgada en diversas antologías, revistas y diarios nacionales e internacionales, incluyendo la revista El búho y la revista de Editorial Jus. Ha sido publicado en la Academia Uruguaya de Letras; así como en España, Italia, Perú, Cuba, Venezuela, Argentina y Costa Rica. En el 2007 recibió mención honorífica en el Concurso Nacional de Cuento Criaturas de la Noche. En el 2008 fue incluido en la antología de Poesía Latinoamericana Giulia Gonzaga (Italia), y en el 2014, en la antología española Poetas del siglo XXI. Ha sido traducido al inglés y al italiano. En los concursos interpolitécnicos de teatro recibió cinco premios, incluyendo mejor dramaturgia. En el 2011, con su colaboración literaria en las coreografías de grupo Kanga, obtuvo el primer lugar en el concurso nacional televisivo de España, Tú sí que vales. Se ha presentado, por invitación, en el Palacio de Bellas Artes de México, FIL de Minería y FILIJ de Guadalajara. Es conductor de radio en la cápsula Arquitectura literaria, del programa Jazz Arquitectónico (1670AM), de Radio Anáhuac. Ha impartido talleres sobre cine y literatura, por parte de CONACULTA, UAM, y Fundación René Avilés Fabila. Becario de CONACYT para un programa de Maestría, con la tesis “Memoria poética en la arquitectura de la Ciudad de México” (2014-2016). Correo electrónico:  sesilu7@yahoo.com.mx