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jueves, 11 de abril de 2013

Tres Poemas de Czeslaw Milosz

Czeslaw Milosz
 

                                 
 
 
Reseña biográfica

       Poeta polaco nacido en Szetejnie, Lituania, en 1911.
Al terminar estudios universitarios en Wino, fundó el grupo
literario "Zagary" y publicó en 1930 los primeros volúmenes
de poesía mientras trabajaba en la radio polaca. Desde 1932
lideró el movimiento vanguardista y durante la II guerra
Mundial participó activamente en la resistencia a la ocupación
nazi. Posteriormente viajó a Washington como diplomático, y
al romper con su gobierno se exilió en Francia durante la década
de los años cincuenta, produciendo varias obras en prosa que le
merecieron el "Premio Literario Europeo".
         Desde 1961  hasta su muerte, vivió en California donde ocupó
la cátedra de Lenguas y Literatura Eslava de la Universidad de
Berkeley. En 1977 recibió el título de Doctor Honoris Causa en
Letras por la Universidad de Michigan y en 1980 el Premio
Nobel de Literatura. Tradujo al polaco obras de Baudelaire,
T. S. Eliot, John Milton, Shakespeare, Simone Weil, y Walt
Whitman. Falleció en agosto de 2004.
 


Una vida feliz

Su antigua edad cayó en años de abundante cosecha.
No había terremotos, sequías o inundaciones.
Parecía como si el cambio de las estaciones ganara en constancia,
Las estrellas crecían vigorosas y el sol aumentaba su poder.
Aún en remotas providencias no se agitaba la guerra.
Las generaciones crecían amistosas hacia el prójimo.
La naturaleza racional del hombre no era un motivo de irrisión.

Era amargo decir adiós a la tierra renovada.
Estaba envidioso y avergonzado de su duda,
Contento de que su lacerada memoria desaparecería con él

Dos días después de su muerte un huracán arrasó las costas.
Humo vino de los volcanes inactivos por un centenar años.
La lava se extendió por los bosques, viñedos y poblados.
Y la guerra comenzó con una batalla en las islas.


 
 
 
Nunca de ti, ciudad

Nunca de ti, ciudad, he podido irme.
Larga fue la milla, pero algo me retrocedía como a una
pieza en el ajedrez.
Huía yo por la tierra que rodaba cada vez más rápida
Y siempre estuve ahí: con los libros en mi morral de lona,
Clavando los ojos en las pardas colinas detrás de las torres
de Santiago
Donde se mueven un pequeño caballo y un hombre pequeño
detrás del arado,
Ciertísimamente desde hace mucho ya muertos.
Sí, es verdad, nadie comprendió la sociedad ni la ciudad,
Los cines Lux y Helios, los letreros de Halpern y Segal,
El paseo en la calle de San Jorge, llamada de Mickiewicz.
No, no los comprendió nadie. Nadie lo ha logrado.
Pero cuando la vida transcurre en una sola esperanza:
De algún día ya sólo quedan claridad y distinción,
Entonces, muy a menudo, da pena.

Versión de Jan Zynch
 
 
 
 
  Noticias

De la terrena civilización, qué diremos?

Que fue un sistema de coloreadas esferas vaciadas en vasos ahumados,
Donde un luminiscente hilo líquido se mantuvo envuelto y desenvuelto.

O que fue una imponente colección de repentinos resplandores de palacios
Destrozados a tiros desde una cúpula de macizas puertas
Detrás de la cual anduvo un monstruo sin rostro.

Que cada día se echaron las suertes, y que quienquiera que se arrastró bajo
fue conducido hasta allá como sacrificio: ancianos, niños,
                                                                                             muchachas y muchachos.

O pudiera ser de otra manera: que vivimos en un vellocino de oro,
en una red de arco-iris, en un capullo de nube,
Suspendidos de la rama de un árbol galáctico.
Y nuestra red fue tejida de materia de signos,
Jeroglíficos para el ojo y el oído, amorosos anillos.
Un sonido retumbado adentro, esculpiendo nuestro tiempo,
El pestañeo, aleteo, gorjeo de nuestro lenguaje.

Que nosotros pudimos tejer la frontera
Entre dentro y sin, luz y abismo,
Si no, desde nosotros mismos, desde nuestro propio cálido aliento,
Y lápiz labial y gasa y muselina,
Desde el latido del corazón cuyo silencio hace el mundo morir?
O quizá, no diremos nada de la terrena civilización.
Para que nadie realmente conozca lo que fue.


Versión de Rafael Díaz Borbón
 
 
 
Extracto del blog http://www.amediavoz.com/milosz.htm#UNA VIDA FELIZ
 
 
 
 

 

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