Mis poemas en España

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jueves, 12 de junio de 2014

Ese lugar existe, fragmento de una novela de Ulises Paniagua

Hola, comparto aquí el inicio de mi próxima novela, "Ese lugar existe". Espero lo disfruten:

 
Ese lugar existe  (inicio de novela)
 
Ulises ¨Paniagua
 




En Luxindra, la claridad se desborda de tal modo que aun asomando a través de la cerradura una llega a pensar en quedarse ciega. El cielo parece blanco, las paredes son brillantes, y el bosque nevado allá afuera infunde la sensación de una pureza indescifrable. Esta fortaleza es del color de la nieve. El océano también. Diría, incluso, que el sol es de una albura incandescente.

            En cambio, el tigre que ronda, sigiloso y cercano, parece tener intenciones oscuras y carniceras. Es un animal torvo; es lo único que me remite a lo negro. Él y el umbral del sótano.

            Hace tiempo vivo aquí. He olvidado mi nombre. No recuerdo si decidí retirarme, o este encierro se debe a la privación de mi libertad por motivos represivos o de algún terrible secuestro. Indago en el misterio de la libertad: ser libre es aparentar hacer lo que quieres. O hacer lo que quieres, da igual. Quiero decir, si no recuerdas por qué eres libre en un lugar donde reina el hielo, todo es cosa de apariencia. No hay a dónde ir sin riesgo de morir en el camino. No hay con quien hablar.

            Hoy amaneció más radiante que de costumbre, y tengo que colocar mi mano sobre los ojos -a manera de visera- para evitar que la luminosidad se vuelva intolerable. Sólo así, entre una vista incierta, puedo contemplar el horizonte: no hay nada ni nadie alrededor. Quizás, de vez en vez algún animalillo (una liebre, una comadreja) quiebra una rama, rasca en su madriguera y se oculta. Luego sobreviene el silencio absoluto, interrumpido apenas por ráfagas de viento. Por cierto, el viento también es helado. Entre el viento y los rayos del sol que se reflejan sobre el hielo de la terraza donde coloco la silla para contemplar el horizonte) me tienen el rostro requemado. No moreno, sino enrojecido, ¿me explico?

            El tigre anduvo cerca anoche. Escuché sus pasos por el acceso norte. No me asusté. Debajo de la cama guardo una escopeta que podría partirlo en dos. No sé dónde aprendí a disparar, pero sé hacerlo. Es mejor que el animal no se acerque, porque no tengo intenciones de dañarlo. Prefiero la armonía entre las fuerzas naturales y cósmicas; aunque a veces la paciencia se agota: sus resoplidos son molestos y estruendosos más allá de la medianoche.

            Luxindra es un lugar particular, pero respeta los niveles del universo, sin duda. No hay nada que vaya más allá de los niveles del universo. Luxindra no podría ser la excepción. El tigre, en todo caso, está a salvo, siempre y cuando no se meta conmigo.

 



 
 
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Escribo desde las sombras porque sólo desde la oscuridad puedo comprender la médula de lo espiritual, el abismo que trasciende. Mis aliadas son siete velas discretas y una ventana que he preferido sellar con una cortina. No estoy solo, porque en la habitación hay una araña que a diario teje su tela en uno de los rincones del techo. Aquí todo parece negro: la madera del piso, la mesa, el marco de la ventana. Hasta Lustro, mi perro, se mira negro entre poca luz. No sé por qué decidí ponerle ese nombre: Lustro. Supongo que se lo debe a mi ansiedad ante el paso irremediable del tiempo, y por lo tanto, a mi fijación por la muerte. Admiro mucho a la muerte, eso es claro, me parece una eventualidad precisa, irreprochable en su silencio. Un día la muerte sale de un callejón, te saluda como quien no quiere la cosa y ya estás tieso, tu corazón y tu cerebro han dejado de funcionar. La muerte posee el encanto de un poema leído sobre el muelle de un puerto: es hermosa aunque melancólica, y te subyuga aun cuando te das cuenta de que el sol se ha escondido, y al puerto lo cubre la más absoluta de las oscuridades, apenas interrumpida por la inocencia de las luciérnagas. La muerte es un profundo eco en el movimiento del universo, una piedra que permanece cayendo hacia el oleaje del espacio-tiempo. La muerte es hermosa por su persistencia.
 
 
 
 
 



 

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