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sábado, 12 de abril de 2014

Ábrara, o el milagro cuántico en la poesía de Roberto López Moreno, por Ulises Paniagua

Comparto en este espacio cibernético un ligero ensayo sobre la obra del magnífico poeta mexicano Roberto López Moreno. Para aquéllos que no han tenido oportunidad de conocerlo a través de sus letras, recomiendo ampliamente su obra y su concepto: el poemuralismo. Un poeta imprescinidible en la historia poética contemporánea de México.
 
 
Ábrara, o el milagro cuántico en la poesía de Roberto López Moreno
 
por: Ulises Paniagua


"No hay más realidad que la realidad", dicta en el siglo XIII el poeta sufí Ibn Rushd, mejor conocido como Averroes, el gran pensador de Córdoba, quien en su obra refleja la geometría en su simpleza. Todas las cosas formadas por las fuerzas del Universo tienen una forma y un contenido divinos, asegura en la más profunda perplejidad. Una afirmación debatible, por supuesto.

         Las matemáticas, la física, la búsqueda de la proporción divina y el secreto de la armonía han sido siempre temas recurrentes en la literatura y la poesía. Acaso el hombre se acepta parte de un todo: una onda en un mar de ondas que determinan, en su cinética, los efectos del Universo; onda que al mismo tiempo se ve afectada por cualquier movimiento del propio océano, en correspondencia. El ser humano siempre ha buscado: la sección áurea, por ejemplo, plantea resolver el misterio de la belleza, descifrar una fórmula que respira entre las posibilidades orgánicas y los objetos. Es un reconocimiento del mundo helénico a un orden al cual pertenecemos, más allá de cualquier miramiento religioso o místico.

         Siglos después, el poeta español Rafael Alberti, en A la divina proporción, aborda precisamente este asunto. Se trata de un texto que aparece en Poemas del destierro, y de los cuáles citamos los siguientes versos: A ti, cárcel feliz de la retina, / áurea sección, celeste cuadratura, / misteriosa fontana de mesura / que el universo  armónico origina…A ti, mar de los sueños angulares, flor de las cinco formas regulares, dodecaedro azul, arco sonoro…Tu canto es una esfera transparente / A ti, divina proporción de oro.

         La búsqueda de la perfección, sombra de un dios esquivo, es evidente en la Historia. Walth Withman, en su poema Canto al cuadrado divino, intentó adentrarse en ello. En su poema, Whitman compara a la figura con un dios. El cuadrado se considera perfecto por el equilibrio de sus lados. Y aprovecha, de paso, para romper con la figuración católica de una divina trinidad: Canto al cuadrado divino, avanzo desde el Único, / desde los lados, desde lo viejo y lo nuevo, / desde el cuadrado enteramente divino, / sólido, de cuatro lados (todos los lados necesarios), / desde este lado soy Jehová, / soy el viejo Brahma y soy Saturno.

         El amor es también motivo de comparación en el determinismo de los cuerpos. En su poema  La ley de gravedad, Peri Rossi escribe: Te amo con la inmutabilidad de las leyes físicas. / La tierra atrae a los cuerpos / como tú me atraes hacia tu centro. / Igual que las piedras / caigo sobre ti desde mi altura.

         ¿Hay entonces, en los versos de un autor la preocupación por ascender a aquello que no puede conocerse, aquello que apenas puede nombrar? Es un propósito sempiterno. ¿Se trata de la búsqueda de la divinidad o de un arrebato científico? ¿Metáfora, metafísica o mecánica cuántica? Hemos citado apenas tres ejemplos, pero es largo y variado este empoderamiento de los modelos matemático-físicos expresados a través de imágenes y ritmo: versos dedicados al número cero, al álgebra, a las figuras, a los volúmenes, a las leyes de la gravedad. La respuesta es probablemente una, la desesperación del ser por alcanzar el misterio de su origen y del origen de las cosas, y la sabia resignación al no conseguirlo. En ello el poeta lleva ventaja sobre el científico. Einstein dijo que lo más incomprensible acerca del Universo es que es comprensible. En oposición, el ars poética parece confirmar lo contrario: lo más comprensible en el Universo es que es incomprensible. Congruentes con ello, las Leyes de la entropía cuántica. Stephen Hawking reconoce que los modelos que se plantean en la ciencia contemporánea parecen más apuestas que certezas. Acepta  que sus modelos sobre la teoría del Bin Bang, del Origen del Universo y la expansión o contracción del mismo, son imprecisos. No hay forma de saber, o de comprobar lo que se sabe. Tan diminutos somos. Por ello seguimos recurriendo a metáforas.

         Roberto López Moreno, nacido en Huixtla, Chiapas, el once de agosto de 1942, ha decidido adentrarse en esta apuesta poética, incorporarse a la lista de alta poesía que indaga en los orígenes de la creación y del movimiento. Autor de la teoría poética denominada poemuralismo, posee más de una treintena de títulos publicados, donde manifiesta una continua preocupación por planteamientos de orden matemático. López Moreno (Premio Chiapas 2001), convierte esa obsesión en el más lúcido de los deleites en dos de sus poemarios: Ábrara, y E=mc2.

         En Ábrara, poema que obsequia título al libro, los versos hablan por sí: Lo que abre de su esencia misma, / concepto del principio, / juego de liliales aes, / primer latido acunado en el hondo de la entraña, / golpe primo del albor a llama verde, / lo que inicia el inicio, / pugnaz salto, cantidad entre las sombras, / el hechizo hacia afuera / de la caverna griega, / inio espasmo de la savia abriendo, / iniciática luz en segundo segundo hacia materia, / el ya del alba, / el ahora del uno uno trino, / llave / cipactli al pie del movimiento, brote alfaguara a donde vendrá a lermar el día, / iskra del big bang, célula del átomo / (el ábrara de lo que será (ya siendo) materia y hálito), / sustancia de la sustancia, la que inaugura, / el sol, la sol,  / la voz primera.  Un poema con referencias a Platón, prehispánicas, originarias, e incluso atómicas. Una mirada que asoma para presentir la sustancia que inaugura. Aquí cabría preguntarse: ¿qué es Ábrara? ¿Qué significa? Se trata de uno de tantos y atinados neologismos que aparecen en la obra de este autor. La respuesta flota entre lo eterno. Nadie más indicado para dilucidarlo que la voz poética referida: Ábrara es la soledad en llamas / en el momento de la concepción. / El apenas instante anterior / del instante anterior / a la mónada / corriendo el guión de su energía proteica / hasta el salto / cualitativo hacia / lo que va a ser creado / y de nueva cuenta, / el apenas instante anterior / del instante anterior / a que se abra flor la cantidad hechizada. / Oh, la magia en su principio…/ Oh, el enigma inasible, / antechispa del portento y ya el portento.

         ¿Ha quedado claro? Si no quedó claro es porque no existe nada firme ni estable en el Universo y sus principios. Apenas restan las adivinaciones, los destellos. Hay en este poemario múltiples referencias desde sagradas hasta populares. Pero hay también lugar para los chispazos, los sonidos, las quijotescas hazañas que se desvanecen entre el polvo y la masa burbujeante del tiempo: un abstracto caballero se endebla / sobre su hética montura, matalón / de fatigas, / él, de insomnios. Encontramos, a la par, la preocupación por el inicio de todo, incluso de los recursos literarios: ¿Cómo se llamaba aquel que por primera vez / utilizó el oxímoron / como máximo acto de la creación? / ¿Qué queda de él sobre el polvo? / Espera tiempo a que el oximoronista reinvente tu rostro / en el juego de los extremos que se unen, / volverás a tener gesto, mueca, mohín, / volverás a ser ábrara de las maravillas, / punto inicial del punto inicial, adanábrara, / el principio de todo lo que es ni sigue siendo / en la mayúscula capacidad del sueño. / ¿Cómo se llamaba el que presenció la desmesura / de la primera aurora, / ésa, en la que estaremos mañana? / Ábrara ¡ay! / Intento de decir el acto creador del universo.

         Profundidad mística, alquímica incluso, que se vale de magistrales encabalgamientos para ahondarnos en las frondas del misterio. Los versos parecen labrados en el proceso dialéctico del tiempo, en un reino sin pasado ni futuro. Versos en la línea indagatoria a la manera de Borges, pero que, además, están dotados de vida. No exagero. Más adelante, al más puro estilo de Eduardo Lizalde, Roberto López plantea el viejo tópico, pero esta vez bajo lupa científica, más allá del clásico análisis ontológico: ¿Y si volviendo a nombrar las cosas / fundamos de nuevo el mundo? / ¿En qué punto de la novedosa relación / habremos de colocar a Dios / si es que va a existir otra vez entre nosotros?, / ¿en el aire del ave?, / ¿en las válvulas y pistones del movimiento? Lo dicho, la vieja pero cada vez más fresca pregunta.

         14159265358979, / progresión a abril: / 3238. / Cifra exacta / sobre dígitos primitivos: / 4626433832 / 79 / 5028841971 / 6939937510 / 5820974944 / Y en el centro G como llaga sin perdones / y su breve-infinito espacio irracional / irresoluble… misterio…Este es el inicio del que, probablemente, sea el más experimental de los libros del poeta chiapaneco. Un libro que corre el riesgo sobre la cuerda floja, a tres punto catorce dieciséis metros por encima del suelo. Matemática en su más pura esencia. Para muestra, citemos algunos versos del magnífico poemario E=mc2:  Hay un poeta, / uno, entre los miles que le rascan /  las vísceras al cálculo. / 1 + él mismo = 1 / (salto cualitativo: 1 + él mismo = uno). / Hubo un poeta. / Nació del arco-iris cuando la humanidad / sumaba ya 90 crisis. (simbolismo rebuscado) /…Hubo un poeta entre tantos que le rascan las vísceras al cálculo.

         En el poema El hombre sabio, López Moreno hace evidentes las influencias más allá de las metafísicas, cuestionando la precisión de lo que se calcula o se comprueba: El hombre sabio no conoce a Holderlin, /…El hombre sabio tiene compactado el tiempo, / ha simplificado al máximo la luz para poder estudiarla. / Estudia el objeto, no el alma del objeto. / Por eso son diabólicos sus productos si se retuercen. / No ve más luz que la suya…/ A su arrogancia le falta conocer / el mundo que cree que conoce. / Y escuchar, aunque sea un segundo, / la primera luz que ciego escuchó antes de haber nacido / Si algo le hubieran dicho Tales, Heráclito, Tito Lucrecio Caro, / si algo Homero el manco o Cervantes el ciego, / si algo Dante o Dostoyevsky, / si algo Shakespeare. / Pero no, se encerró en su cubículo a analizar la cosa, / y la cosa nos está haciendo explosión entre las manos. Contradicción pura, humana: se admira a la ciencia como a una prima y se le condena como a un charlatán. La confusión sobre qué derrotero tomar. Para el poeta es simple: no hay derrotero, se intuye apenas el camino, ése es su oficio. Más adelante, en versos de hermosa manufactura y precisión demoledora, trata alguna posible fórmula para alcanzar la belleza. Para ello cita el genio y el temperamento de Poe: “No hay más que la belleza / -Edgar Allan- / y ésta no tiene más / que una expresión perfecta: / la poesía”. / La gran ecuación sobre su mundo. / Lo que crea lo creado, / por eso nada se crea ni se destruye, / sólo cambia de flor que se derrama luminosa / sobre su oscuro barro.

         El bardo se interna en la creación, introduce las botas en el limo de su apuesta para salir librado de manera magnífica. Se vale, en su indagación, del número, las ecuaciones, en la persecución de lo bello que no deja de ser retórico. Cito: La raíz cuadrada de la luz, / multiplicada por el segundo anterior al primer segundo / o sea, / “el rayo de luz impulsado por su propio destino”, / interroga al 3. y su larga cola de pavorreal / -que así se va haciendo polvo en el infinito / -cuál sería su respuesta exacta / (si existiese) / para cerrar por fin el círculo en donde el corazón se afana, / solitario, contra sus cuatro paredes imposibles. / Ah, suspiros inconclusos, / nada hay exacto ni terminado, sólo la persistente luz / desde su raíz cuadrada / multiplicada por el segundo / anterior…

         Sobre la numerología, el tratado es profuso aunque breve: El número no es inocente, lleva una fuerte carga / que compone y descompone el mundo a cada instante / según la fuerza deducida / de los haberes multiplicados por su aceleración. / Al-Jwarizmi, cerebro lleno de inteligencia, se enciende total. / Ahora serán los modos y las formas / para que el número hable y sentencie. 

         Los poemarios E=mc2 y Ábrara son piezas únicas  -gracias a sus hallazgos y a su manufactura- en la historia de la literatura mexicana, latinoamericana; e incluso de la historia universal si consideramos su excepcional rareza.  La mirada de López Moreno recurre a la más profunda esencia de los sufís. Sólo puede comprenderse a través de la razón, pero aunando esa razón a las sensaciones. Se calza y se canta con los dedos. De otra manera, lo que se mira es incompleto. Transforma tu cuerpo entero en visión, hazte mirada, enseña el autor de la corriente sufí, Rûmi. López Moreno lleva a la práctica esta enseñanza directa o intuida, y la vierte en paronomasia, en magia verbal y concepto. Poesía que habla en serio de lo serio, sin olvidar el sentido lúdico y deslumbrante de lo que se crea. Ábrara y E=mc2 no pueden leerse sin interjecciones continuas y casi permanentes de asombro. Es evidente que la poética de Roberto López no ha recibido aún el debido reconocimiento –no de instituciones y sistemas culturales-, sino de los grandes círculos de lectores. Una cosa es segura: si uno más uno suman dos, de igual manera la valiente y valiosa literatura del maestro López Moreno sumará miles o millones en los años venideros. Es claro: la mejor poesía es la que genera reflexiones o canta dentro de nuestro miocardio, o se queda como lama dulce impregnada en la piel generando coloraciones. Y Roberto López lo consigue: llega, toca y trastoca los sentimientos, las angustias, las alegrías de la raza humana a través de la matemática intuición y lo inasible.

         La poesía busca nuevas formas. La mecánica cuántica plantea nuevos modelos, como los del holandés Hooft y el norteamericano Susskind.  El físico argentino Juan Martín Maldacena descubrió un modelo que representa la holografía del Cosmos, de una forma accesible. Desde entonces la mayor parte de los físicos han estado estudiando en ese sentido el aspecto tridimensional del Universo, aunque resta aún que ese modelo se aplique a situaciones generales. No sabemos si habrá un descubrimiento inmediato o tendremos que aguardar otros cincuenta años. Gracias a la poesía, no tenemos que esperar para hallar respuestas. A través de los recursos literarios, y sobre todo, a través de la mirada del dentro, nos hallamos próximos no a encontrar el dato exacto sobre el origen del Universo, pero sí próximos a adivinarlo, disfrutando a cada paso del proceso poético y la generación de lo metafórico como respuesta a aquello que se resuelve de manera científica. Y quién sabe quién descubra el qué. ¿No será acaso que la poesía ha explicado durante siglos lo que apenas ahora puede comprobarse con fórmulas y teoremas? Lo evidente es que el Universo acerca, intercala, ordena y despedaza la relación entre las partes. La mecánica cuántica se vuelve arte poética, y luego desaparece. La apuesta en la obra del maestro Roberto López Moreno, al adentrarse a temas complejos e intrincados, es un acierto que requiere de valentía y cuya única linterna para alumbrar entre la noche de lo incierto posee la luz de la maestría del oficio, y la humildad en el mundo vasto del conocimiento.  Los poemarios Ábrara y E=mc2 son dos joyas de refulgente hermosura que la literatura mexicana alcanzará apenas a intuir, en todo su esplendor, dentro de no muchos años, haciéndole justicia a la voz que hizo posible la aparición de tales versos.

 

 

 

Ulises Paniagua

Casa del poeta José Emilio Pachecho

Tlalnepantla, 11 de Abril del 2014.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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