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jueves, 24 de julio de 2014

Celebremos La subversión poética de Juan Carlos Castrillón, por: Ulises Paniagua


Celebremos La subversión poética
de Juan Carlos Castrillón
 
por: Ulises Paniagua

 
 

Nadie muere virgen, la vida nos jode a todos

Kurt Cobain

 

         Hace poco se estableció una paradoja en una mesa de taller literario. Se formuló una pregunta que aún permanece en el aire en el lienzo contemporáneo, una gran interrogante: ¿Qué es la vanguardia en la actualidad?

         Cada lapso, que puede variar entre cinco y diez años (giramos más aprisa cada vez), alguna generación poética se ha hecho la misma pregunta.  Es claro que etiquetamos para referenciar, y es sabido que muchos escritores que fueron enmarcados en movimientos de vanguardia apologizaron o rechazaron los calificativos con los que se les condicionó: poetas malditos, dadaístas, surrealistas, estridentistas, beatnik, infrarrealistas: los movimientos son múltiples. Lo que sí es característico de las vanguardias es su filia a marchar a contracorriente, el acto de apostar en sentido inverso al que todos apuestan. André Breton, en una frase memorable, apunta: “La belleza es convulsiva o no es nada en absoluto”. El feísmo de Lautrémont, los coqueteos delincuentes de Burroughs y de Kerouac, el amor enfermo pero apasionado entre Verlaine y Rimbaud, todo ello implica destrucción, l” avant-garde. Las vanguardias derriban sistemas culturales, se pasan la moral y las buenas costumbres por el más oscuro rincón corporal y establecen conceptos en base a su propia rebeldía. Así es como gira el mundo, o no gira. Pero hoy día, con tantos movimientos, con tantas propuestas, uno se pregunta cuál es la salida auténtica en este laberinto atascado de esquizofrénicos bien portados y alienados, entre los estridentes sonidos emergiendo de Locomotoras, gritos, arsenales, telégrafos, donde El amor y la vida son hoy sindicalistas, como lo declara Manuel Maples Arce en uno de sus poemas.

         Cuando se formuló aquella pregunta en la sesión del taller, Juan Carlos Castrillón tuvo, en mi opinión, la respuesta más brillante: la vanguardia de hoy es la contracultura.

         Y qué mejor representante que un libro contracultural como La subversión poética del rock. En este libro (publicado en el 2014, por Sediento Ediciones) el propio planteamiento es subversivo. En su forma parece sencillo, pero en su fondo es demoledor: el autor se atreve a emparentar la poesía de las célebres y no tan célebres estrellas de rock norteamericano con la poesía latinoamericana de César vallejo o de Rubén Darío, con la sedición metafórica de Federico García Lorca, e incluso con las retorcidas complejidades de James Joyce, Anne Sexton, y de Maiacovski. El salto es arriesgado, pero genial; y en el fondo, evidente. La transgresión es una cualidad de los grandes pensadores, de las mujeres y de los hombres que han permitido que este mundo timorato evolucione. Elena Garro, en sus Memorias de España 1937, apunta que cuando pregunta a Silvestre Revueltas cómo es el manifiesto comunista, y éste le explica en qué consiste, Garro no puede evitar comparar las ideas establecidas en ese libro con el Discurso de la edad de oro, de Miguel de Cervantes Saavedra, contenido en El Ingenioso Hidalgo Don Quijote de la Mancha. La transgresión ha existido siempre. Y las influencias clásicas son más poderosas de lo que el común de la gente podría pensar; por ejemplo, William Burroughs colaboró de manera personal en la letra de una de las canciones de Kurt Cobain; y es un hecho conocido que Jim Morrison bautizó a la banda que conformó junto a Ray Manzarek, The Doors, influenciado por una frase de William Blake: Si las puertas de la percepción se purificaran todo se le aparecería al hombre como es, infinito. Así puede verse a la poesía trastocando al miocardio de la cultura pop.

         La subversión poética del rock es una apuesta por los nuevos poetas malditos. Se trata de un libro que funciona a tres niveles: en un primer nivel, contiene las letras de las canciones en su idioma original, el inglés, y su versión en español; en un segundo nivel, incluye un pequeño estudio biográfico de cada uno de los letristas-poetas incluidos, detallando datos ácidos, irónicos e ideológicos de sus vidas, que confirman su paso a contrasentido por el planeta. En el tercer y último de los niveles, los letristas-poetas seleccionados y las canciones-poema que fueron escogidas, nos muestran un mundo infectado, en franco contagio de deshumanización y pérdida de la compasión hacia los otros, hacia el reconocimiento a los demás: la podredumbre que el capitalismo se ha encargado de llevar a su más alto punto de descomposición. Como bien lo menciona Leonard Cohen a través de una de sus canciones: I”ve seen the future, brother: it is murder (He visto el futuro, hermano: es el asesinato). Así el libro se convierte en un manifiesto extraído de una idea colectiva desde los sesentas hasta hoy en día; como el propio Castrillón menciona en el prólogo de su libro: Desde los inicios del rock and roll, las letras de las canciones han tenido un papel relevante. Lo que se dice y cómo se dice están intrínsecamente asociados.

            En una cita contenida por esta antología, Jim Morrison declara: Nada más puede sobrevivir a un holocausto, excepto la poesía y las canciones. Así, el acto poético transmuta en libertad, se vuelve la anhelada Redemption song (Canción de redención) con la que soñó Bob Marley entre grandes y pacíficas bocanadas de marihuana, entre la verdad develada a través de la cultura y la religión rastafari. El oficio del poeta es revelar la perdición, el desencanto, a la manera de los románticos y sus muertes trágicas pero llevando sus propias vidas a la interpretación del símbolo. Los poetas-cantantes se autodestruyen; incapaces de generar violencia hacia la sociedad a causa de sus grandes y lúcidos sueños pacifistas se internan en un mar de desesperanza y desesperación que los convierte en mártires inconscientes de este mundo jodido y asqueroso: suicidios, alcohol, drogas, incomprensión, intentos de homicidio, intentos de matricidio; el mundo es una mierda y ellos, los malditos y proscritos, se encargan de hacérnoslo saber, aún a pesar de su profundo dolor. Anne Sexton escribe en uno de sus poemas: Pero los suicidas poseen un lenguaje especial / Al igual que carpinteros, quieren saber con qué herramientas / Nunca preguntan por qué construir.

         En La subversión poética del rock encontramos figuras icónicas muy reconocidas, y otras tantas que sólo podrían ser incluidas gracias a la mirada ácida y crítica del recopilador y traductor, y gracias también a su profundo conocimiento sobre contracultura. Así, desfilan por las páginas nombres tan importantes como los del norteamericano Bob Dylan (quien nos habla de Dignidad), el canadiense de culto, Leonard Cohen, quien presiente un futuro terrible para la especie; el Rey lagarto, que nos propone despertar de esta amarga pesadilla impersonal; Lou Reed, quien nos conduce a través de un sucio boulevard que podría pertenecer a cualquier barrio europeo, latinoamericano o asiático o del propio Bronx, donde se aloja la miseria y el desencanto;  Neil Young intentará hacerte cambiar de parecer, e influirá de manera lapidatoria en el destino de Kurt Cobain, pues a través de sus letras y sus actos,  la estrella de Nirvana comprenderá que es mejor extinguirse que irse desvaneciendo. La lista es interminable, tenemos allí al héroe de la clase trabajadora, John Lennon, de quien se rumora fue asesinado por cuestiones políticas encubiertas bajo la locura de un fan; ingresa a la lista John Trudell, un hombre de sangre india, un líder piel roja cuya lucha contra el sistema padeció en el momento en el que quemaron vivas, dentro de su casa, a su suegra, a su esposa y a su hija, en un acto vil y salvaje; encontramos a Bob Marley y a Sting, a Nick Cave y a Tom Waits; y a quien es considerado en gran medida el padre del rap y del hip hop, al experimentar por medio de la voz y la poesía, es decir, a través del spoken world y llevando un beat básico en piezas de gran manufactura -donde se intuye el alma afroamericana e incluso el orgullo en defensa de los latinos que habitan en Estados Unidos-. Hablamos de Gil Scott Heron, y de su poema-canción A poem for José Campos Torres. Pieza fundacional del movimiento chicano-mexicano que continuará años más tarde César Chávez en busca de la reivindicación de los derechos de los ilegales en tierras norteamericanas, esta canción ahonda en el tema de la injusticia por motivos raciales. La letra supura sinceridad: Había dicho que ya no iba a escribir más poemas como éste / Me había confesado a mí mismo largamente / trazadora de vida / tendencia poética, esa conciencia / poemas de conciencia que gritaran de dolor…

         La antología La subversión poética del rock es una gran experiencia, en especial por la carga mental, el contenido luminoso que cercena las telarañas de la conciencia, que abre puertas hacia el mundo underground que se gestó a través de las figuras de la música rock, alternativa y progresiva de los años 60”s hasta los 90”s, donde las inquietudes contra un sistema avasallante, la consigna del amor y de la paz y la reivindicación de los derechos humanos no se esfumaron en un sueño beat, padre de los hippies, padre de los hípster. Por el contrario, la música se convirtió en vehículo, en pretexto e instrumento de la rebelión de una juventud pensante, cuya violencia fue y sigue siendo una respuesta a la asfixia social que se debe cuestionar y combatir siempre. Una afirmación es segura: en esta antología no se encontrará músicos de plástico, porquerías transmitidas a través del MTV de los años recientes, chicas y galanes en un estudio repleto de dólares donde lo snob y lo ligth predominan más como una consigna gubernamental, que como una respuesta natural de una juventud que quiere trascender a través de su conciencia.

         Esa rebeldía, que mucho tiene de maldita para quien incomoda o le representa un puñetazo a media nariz, es la luz entre el pozo, la alcantarilla maloliente que nos recuerda que seguimos siendo una raza de asesinos; y por lo tanto, se vuelve conciencia de una especie, proyección de un mejor futuro posible. El libro de Juan Carlos Castrillón es sin duda una posibilidad de libertad en una mar de mierda contemporánea. Un libro más que recomendable, indispensable para los poetas que en verdad sangran, respiran, y tienen mucho qué decir acerca del mundo, para aquellos fanáticos de la música de culto, y para cualquier joven que desee internarse en un universo alterno al que las grandes corporaciones le han tratado de imponer. En buena hora nos llega la subversión, atrevámonos a purificarnos a través de sus llamas. Como lo ha dejado claro la banda The Clash a través de la letra de Know your rights: Yo digo, conoce tus derechos / los tres que tienes /…Tienes derecho a no ser asesinado /…Tienes derecho a proveerte de dinero para alimentarte /…Tienes derecho a libre expresión  / Conoce tus derechos, estos son tus derechos / Suficiente. Bueno… / Sal a las calles / Salgamos a las calles / Corramos.

 

 

Ulises Paniagua

Centro Cultural José Martí, 22 de julio del 2014
 
 
 
 
 
 

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